Santiago Espel | Mesa de entradas

Foto: GG 


Santiago Espel | Mesa de entradas


Mercado de pulgas

A caballo del erotismo de la pulga en la oreja,
dicen que El provecto olvido del renuncio es
sin duda un texto conceptualmente díscolo,
pero que la autora posee un estilo hermafrodita.
La presentación abunda en detalles confesionales,
nunca referidos a la trama; antes bien, a la picazón.
Un crítico habla de lectores multiorgásmicos,
y la autora suscribe el comentario con suspiros.
Comenzón del inconsciente, rizomas del deseo,
el texto atenta contra la pacatería burguesa.
Suspira desnuda la autora, y acomoda las nalgas
transpiradas en el terciopelo rojo de la butaca.
Sonríe, inhala, hipa y acaricia el micrófono.


Congreso de escritores

A la sombra de las palmeras, bajo sombrillas,
se promueve el verbo olivó, aprueba el círculo,
mientras sorbe maracuyá de la pajita a rayas.
Hay alerta de escorpiones en la zona, por lo que 
se recomienda no despojarse de los escarpines.
Todavía quedan asuntos relevantes por encarar,
dicen de cara a los próximos tres días, y sorben.
Efectivamente, el pronóstico de escorpiones
se cumple, y los bichos infestan el paraíso.
Preventivamente, se pone en duda la continuidad
del congreso, bajo riesgo de conflictos culturales.
Sorben maracuyá cabizbajos; alistan pasaportes,
y revisan las ponencias que esta vez no fueron.


Camisa de fuerza

Mi enfermedad es con el lenguaje, no sé,
es como que no me sale, quiero decir una
cosa y me sale otra, y además, me revienta,
nadie me escucha, por eso mi enfermedad
es grave, por venérea, olvido anunciarme.
Acá me dicen que la lengua no tiene nada
que ver, que si no que mire la lengua
a la vinagreta, o el lengüetazo de vaca en el 
pelo, pero yo no entiendo qué tiene que ver.
Por eso me revienta que no me salga,
porque como decir tengo mucho que decir,
pero no me sale, y encima no me escuchan.
No sé por qué no me sale, si es tan fácil.



Santiago Espel (Buenos Aires, 1960), Mesa de entradas. La Carta de Oliver. Buenos Aires. 2015.