Marge Piercy | Blues fúnebre para Janis



Marge Piercy | Blues fúnebre para Janis


Tu voz siempre me golpeó directo en el nervio del codo
de la valiente, sufrida y perra fantasía
que me gobernaba como una luna de cobre con sus fases,
hasta que pude parcialmente liberarme.
¿Qué podría hacer más que amarte por mis pesadillas?
Tu voz rechinaría directo en la médula ósea que cocina
el rico estofado de masoquismo en el que nadamos,
de la mujer nacida para sufrir, ser maltratada y engañada.
Domesticadas para ese invernadero de maduro dolor.
Nunca nos sentimos tan vivas, tan en nuestra naturaleza
como cuando caminamos con el blues trasnochado.
Cuando un hombre que no está y que por suerte se ha ido
deviene una ausencia que se infla como un globo de gas
y arrasa en nosotras pensamiento y percepción y propósito.

Oh, el oprimido, excitante y agotador blues femenino:
palpitaste allí con tu rostro ligeramente hinchado
y tu cabello con púas volando vigoroso y desbordado,
el estallido de un horno cuyo combustible es la vida entera.
Encarnaste a esa madre bondadosa que se brinda y se brinda
como una olla de sopa de pollo ebrio a una raza de hombres-rata.
Encarnaste el dolor abrazado a los senos como una criatura.
Encarnaste el hermoso y descuidado chicle de la apatía,
mujer de espaldas al mundo ofreciendo tu valiente rostro
infinita, irremediable, andrajosamente, para ser cogida.
Ese gusto por colgar en el gancho del carnicero y llamarlo amor,
esa necesidad de amar como un grito hueco en el alma:
ésa es la droga de la que pendemos y nos arrastra mortal,
como la gélida aguanieve de heroína que congeló tu sangre.



Burying Blues for Janis

Your voice always whacked me right on the funny bone
of the great-hearted suffering bitch fantasy
that ruled me like a huge copper moon with its phases
until I could partially, break free.
How could I help but cherish you for my bad dreams?
Your voice would grate right on the marrow-filled bone
that cooks up that rich stew of masochism where we swim,
that woman is born to suffer, mistreated and cheated.
We are trained to that hothouse of ripe pain.
Never do we feel so alive, so in character
as when we’re walking the floor with the all-night blues.
When some man not being there who’s better gone
becomes a lack that swells up to a gaseous balloon
and flattens from us all thinking and sensing and purpose.

Oh, the downtrodden juicy long-drawn female blues:
you throbbed up there with your face slightly swollen
and your barbed hair flying energized and poured it out,
the blast of a furnace of which the whole life is the fuel.
You embodied that good done-in mama who gives and gives
like a fountain of boozy chicken soup to a rat race of men.
You embodied the pain hugged to the breasts like a baby.
You embodied the beautiful blowsy gum of passivity,
woman on her back to the world endlessly, hopelessly, raggedly
offering a brave front to be fucked.
That willingness to hang on the meathook and call it love,
that need for loving like a screaming hollow in the soul,
that’s the drug that hangs us and drags us down
deadly as the icy sleet of skag that froze your blood.


Marge Piercy (Detroit, Michigan, 1936). Extraído de Circles on the Water, Selected Poems of Marge Piercy. Alfred A. Knopf, Nueva York, 2009. Traducción: Mariano Rolando Andrade.

Flavia Calise | Esgrima verbal




Flavia Calise | Esgrima verbal


soy el Conde de Montecristo
con tetas
yo soy Napoleón Bonaparte
con tetas
soy una cancillería
con tetas
cara de pato
cuerpo de lavarropas
hago esgrima verbal
mis neuronas
tienen clítoris
soy una ajedrecista
de la dialéctica
soy un camión atmosférico
soy la hermafrodita
del espectáculo
soy un hombre homosexual encerrado
en el cuerpo de una mujer

vos sos Valderrama raquítico
disfrazado de Tarzán
sos Tweety con levadura
grasa como sushi de bagre
sos una loca
maleducada sin clase
sos tan vulgar
¡tan vulgar!
¿qué se puede esperar de un burro
más que una patada?
what pass?
si querés llorar,
llorá



Flavia Calise (Buenos Aires, 1992). 

Charles Simic | Hotel Insomnio



Charles Simic | Hotel Insomnio


Me gustaba mi pequeño agujero,
su ventana daba a un muro.
El vecino tenía un piano.
Algunas tardes al mes
un viejo inválido venía a tocar
"Mi cielo azul".

Por lo general, sin embargo, no había ruidos.
En cada habitación una araña con abrigo de piel
cazaba su mosca con redes
de humo de cigarrillo y ensoñación.
Tan oscuro,
que no podía ver mi rostro en el espejo de afeitar.

A las cinco de la mañana, arriba, el sonido de pies descalzos.
La "Gitana" vidente,
que tiene su tienda en la esquina,
va a mear después de una noche de amor.
Una vez, también, el sonido del llanto de un niño.
Tan cerca se oía que, por un momento,
pensé que era yo quien lloraba.


Nubes a la vista

Parecía el tipo de vida que queríamos.
Frutillas con crema por la mañana.
Sol en cada cuarto.
Nosotros caminando desnudos junto al mar.

Ciertas noches, sin embargo, algo
nos inquietaba.
Como actores trágicos en un teatro en llamas,
con pájaros sobrevolándonos,
los pinos negros, extrañamente quietos,
las piedras, ensangrentadas por el atardecer.

Volvíamos a nuestra terraza a beber vino.
¿Por qué siempre ese pálpito de un final aciago?
Nubes, en apariencia casi humanas,
se avistaban en el horizonte, por lo demás agradable
con el aire templado y el mar en calma.

De pronto, la noche sobre nosotros, sin estrellas.
Tú enciendes una vela, la llevas desnuda
a nuestro cuarto y la apagas enseguida.
Los pinos negros y los pastos, extrañamente quietos.



Primavera

Esto es lo que vi - nieve sucia en el suelo,
tres mirlos acicalándose,
y mi vecina saliendo en camisón
a colgar la ropa de su marido en la soga.

El viento de la mañana dificultaba el tendido.
Le alzaba tanto el camisón,
que tuvo que parar
y cubrirse, mientras reía a carcajadas.



Charles Simic (Belgrado, Serbia, 1938), Hotel Insomnio. Traducción: María Negroni y Federico Barea. Zindo & Gafuri.  Buenos Aires. 2017.

Niní Bernardello | Natal

Foto: Tuerto Rey


Niní Bernardello | Natal


Escribo y borro, tacho y excluyo
huyo de mí, de aristas rojas
de sangre que vienen de lejos
de un tiempo arcaico que fulge
en la luz de un verano muerto.
Por más que intente escapar
el sabor de un imperio verbal,
trastoca las palabras
en arañas, rugidos y estertores
cosiendo mis labios al resplandor
de tu mirada que insiste cruel
mientras escribo en el borde
de un ataúd de fuego.

/

Alguien en el correo
me decía: hay una carta 
de Bellessi para vos.
Vi el sobre, era de papel
aéreo y de formato pequeño.
La aleta izquierda estaba despegada
y pude ver la supuesta carta
como un bulto
de papeles muy doblados
enrollados y colocados
hacia el lado abierto.
Pensé en la contradicción
entre el peso de la carta
y la levedad del sobre.
¿Por qué habías elegido
un sobre aéreo
que no soportó la carga
y abrió los bordes?
Debían lacrarlo, me dijeron,
antes de entregármelo.
Pero yo robé la carta
y ansiosamente 
saqué el envoltorio
de papeles. No era 
papel, era género.
Muy doblado, blanco
y ribeteado por una 
puntilla delicadísima.
No lo desplegué.
Vi, en el doblez
unos elementos redondos.
Sin comprender me dije:
no me escribió nada,
me envió semillas
sólo semillas.


Soñado en abril de 2005


Niní Bernardello (Cosquín, 1940), Natal. Bajo la luna. Buenos Aires. 2011.

Gustavo Yuste | Las canciones de los boliches




Gustavo Yuste | Las canciones de los boliches


Algo caído del cielo

Hacía años que no soñaba con mi viejo
pero esta vez tuvo un breve cameo
y vestido de Súper Yo me dijo:

“La envidia es la segunda marca
de la ignorancia.
Uno nunca sabe realmente
el esfuerzo que hay detrás
de cada cosa
y son muy pocos los casos
en los que algo caído del cielo
resulta bien.

Sino fijate lo que le pasó
a aquella solitaria
vaca cubana”.

Cuando le quise responder,
ninguna palabra salía de mi boca
y mientras se alejaba,
un truco de cámara me mostró a mí mismo
haciendo el mismo gesto
que hacen los chicos en la costanera
cada vez que despega un avión.




Cada vez más flaca


Mi perra se sienta al lado mío,
ya tiene 15 años
y cada vez la veo más flaca.
Sé que es algo irreversible,
por eso me agacho
para acariciarla un rato largo.

Contenta, acepta mi mano sobre su lomo
y yo, otra vez,
vuelvo a caer en la trampa
de creer que el cariño
puede solucionar algunas cosas. 


Gustavo Yuste (Buenos Aires, 1992), Las canciones de los boliches. Santos Locos. Buenos Aires. 2017. 

Beatriz Vallejos | Del río de Heráclito



Beatriz Vallejos | Del río de Heráclito


Quise bordar


Quise bordar
una corola
la corola fue pájaro.

Quise bordar mi corazón
y regresó el pájaro 
a llevarse las hebras.



La hermana


¿Yendo íbamos?
charcos de lluvia
descalzas yendo íbamos
de cielo

pies de arenal hilos
de las islas aire
cruzando desvaídos lilas
                                    íbamos.

/


Nota de contratapa:

A

ustedes,queridos amigos y poetas:
esta es mi presencia viva esta es mi
voz la palabra que envío estrella del
cardo, con amor. Sé que será recibida y
que un soplo de sol nos abraza.Este es
mi saludo y mi fervor. Algo de lo poco
que he escrito en la medida de
insoslayables testimonios.
Va mi corazón aquí con mi
¡gratitud!
Los amo
Beatriz

Beatriz Vallejos (Santa Fe, 1922 - Rosario, 2007), Del río de Heráclito. Edición de la autora. Santa Fe. 1999.


Joni Mitchell | Triste cuarto de hotel

Foto: Norman Jean Roy



Joni Mitchell | Triste cuarto de hotel 
[Traducción: Griselda García]


Tengo un triste cuarto de hotel 
con un cubrecama azul
estoy triste dentro y fuera de mi cabeza
¿me amarás todavía
cuando te llame porque estoy mal?
acá en Savannah llueve a cántaros
a la luz del porche las palmeras resbalan como celofán negro
¿me amarás todavía
si te llamo cuando vuelva a la ciudad?

sé que tenés a todas esas chicas lindas alrededor
colgadas de tu boom boom paquidermo
¿les dirás a esas chicas que tenés sarampión?
nene, deciles que tenés un virus
espero que estés pensando en mí
porque yo voy a estar pensando en vos
mientras viajo a casa sola
deciles a esas chicas que tenés a Joni
está volviendo a casa.

tengo mapas de rutas
de dos docenas de estados
tengo de costa a costa sólo para contemplar
¿me amarás todavía
cuando vuelva a la ciudad?
es extraño como estos viejos sentimientos permanecen
pensás que se fueron
no, no
sólo están bajo tierra
¿me amarás todavía
cuando vuelva a Los Ángeles?
vos y yo somos como América y Rusia
siempre competimos
siempre medimos el poder
y eso puede volverse una fría guerra fría
necesitamos tener una charla pacífica
en algún café neutral
vos dejá tus travesuras en la ciudad, nene
y yo dejaré la autopista

tengo un triste cuarto de hotel 
con un cubrecama azul
estoy triste dentro y fuera de mi cabeza
¿me amarás todavía
cuando vuelva a la ciudad?


© 1976; Crazy Crow Music

N.B.: Al parecer, en esa época Joni se había separado del baterista John Guerin. Algunas discusiones en foros indican que "boom-boom pachyderm" puede referir tanto a un set de batería como al "instrumento masculino que recuerda a la trompa de un elefante" (sic) del que las chicas se "colgarían". Además, se usa para referirse a tener sexo y a defecar. 



Blue motel room
by Joni Mitchell

I've got a blue motel room
With a blue bedspread
I've got the blues inside and outside my head
Will you still love me
When I call you up when I'm down
Here in Savannah it's pouring rain
Palm trees in the porch light like slick black cellophane
Will you still love me
When I call you up when I get back to town
I know that you've got all those pretty girls coming on
Hanging on your boom-boom-pachyderm
Will you tell those girls that you've got German Measles
Honey, tell them you've got germs
I hope you'll be thinking of me
Because I'll be thinking of you
While I'm traveling home alone
Tell those girls that you've got Joni
She's coming back home
I've got road maps
From two dozen states
I've got coast to coast just to contemplate
Will you still love me
When I get back to town
It's funny how these old feelings hang around
You think they're gone
No, no
They just go underground
Will you still love me
When I get back to L.A. town
You and me, we're like America and Russia
We're always keeping score
We're always balancing the power
And that can get to be a cold cold war
We're going to have to hold ourselves a peace talk
In some neutral cafe
You lay down your sneaking round the town, honey
And I'll lay down the highway
I've got a blue motel room
With a blue bedspread
I've got the blues inside and outside my head
Will you still love me
When I get back to town



© 1976. Crazy Crow Music



Joni Mitchell (Canadá, 1943), del extraordinario disco Hejira, 1976. Traducción: Griselda García 



N.B.: Esta traducción se revisa con periodicidad. Si copia y pega en su sitio, vuelva a menudo a ver cómo avanza (o retrocede).

Reseña por Gustavo Yuste



RESEÑAS CAPRICHOSAS – “BOUQUET GARNÍ – SPAM” DE GRISELDA GARCÍA: LAS POSIBILIDADES INFINITAS DE LA POESÍA


El libro Bouquet Garní – SPAM (La carta de Oliver, 2017) de Griselda García propone entrar a la poesía desde el terreno lúdico, mostrando así las infinitas posibilidades que tiene este género para llegar a mostrar las cosas de una manera distinta a la convencional. Con un gran manejo del humor y la emoción, logrando un equilibro para nada sencillo de hallar en la poesía contemporánea, los versos de la autora juegan al mismo tiempo que impactan. 


Las posibilidades infinitas de la poesía
Se podría decir que Bouquet Garní – SPAM (La carta de Oliver, 2017), de Griselda García, son dos libros. También se podría afirmar que es uno solo; o ninguno, ya que la audacia con la que se manea la autora en estos poemas borra los límites y muestra las infinitas posibilidades que tiene la poesía para llegar al lector. Lo único que hace falta son personas en el estado de atención y emoción necesarios para acusar recibo.
En ese sentido, el primer libro, Bouquet Garní, propone reversiones contemporáneas y nacionales de clásicos de la poesía universal. Así, Fernando Pessoa, Sylvia Plath, T.S. Eliot o Idea Vilariño tienen sus covers argentinos del siglo XXI, donde la fidelidad de la traducción también va a convivir con la fidelidad de los sentimientos y el humor, dando lugar a nuevos sentidos dentro de esos versos.  Por ejemplo, puede leerse en “Pa” (versión de “Daddy”, de Sylvia Plath): “Tenía diez años cuando te apagaste./ A los trece pensé en tirarme del altillo/ para volver, volver, volver a vos/. Creía que con eso basaría./ Temprano tuve que trabajar/ para pensar que no había tiempo/ ni energía/ para llorar”.
Por su parte, el segundo conjunto de poemas denominado Spam, da todavía un paso más allá y propone poemas a partir de la casilla de correo-basura de los emails. Ofertas fraudulentas, remitentes confundidos y ofertas hasta agotar stocks son puestos bajo la lupa de la poesía para ver con detalle el absurdo que nos rodea, algo similar a las partículas que flotan en el aire y que solo cierta luz del día a través de la ventana logra visibilizar.  Un ejemplo de esto es el poema “Vello molesto”: “Depilador eléctrico de nariz y oído/ práctico ideal para retirar ese vello/ molesto que se genera en el interior/ de la nariz y el oído./ Totalmente seguro e indoloro no más/ vello asomándose./ Fácil. Rápido. Seguro. / Funciona con 1 pilla AA (no incluida)”. 
Como señalábamos al comienzo, ambas partes pueden ser consideradas dos libros por separado, pero al mismo tiempo contienen rasgos comunes que los hermanan y hacen que cada una se potencie gracias a la otra. Con un manejo hábil y filoso del humor y la emotividad, los versos de García logran empatía con el lector atento y desconcierto con el simple voyeur que tenga este libro enfrente.
Si las posibilidades de la poesía para impactar son infinitas, entonces bienvenidas sean estas aventuras que en su picardía guardan también la seriedad de cargar una mirada particular del mundo. En esa dirección, temas tan importante como el rol femenino en distintos ambientes es retratado y denunciado en Bouquet Garní – SPAM sin la necesidad de utilizar un tono diferente, algo muy difícil de lograr y de hallar en la poesía contemporánea. Tal como sostiene Griselda García versionando a Raúl Gómez Jattin: “La poesía es la única compañera/ acostúmbrate a su cercanía/ que es la única”.

Gustavo Yuste


Valeria Cervero | Hoy no es posible escribir...

Foto: Natalia Leiderman


Valeria Cervero | 
Hoy no es posible escribir...


Hoy no es posible escribir
un poema sobre el amor, su sentido,
su duda, su causa. Sabemos que
no son benditas las palabras que dicen
sobre lo íntimo, o más bien lo ajeno
a cualquier excusa que las vuelva
legibles. Como si el estar aún
en la línea del rayo fuera razón
para dejar de callar contra el muro,
compartir las vibraciones que nos seducen o contar
cada recuerdo que todavía inventamos.
Toda la risa del mundo podría venir
a resonar esta noche, pero sabemos
que su sonido tampoco suele dejarnos
una promesa, una cura,
el estallido.


Valeria Cervero (Buenos Aires, 1972), Sin órbitas. El ojo del mármol. Buenos Aires. 2016.

Santiago Espel | Mesa de entradas

Foto: GG 


Santiago Espel | Mesa de entradas


Mercado de pulgas

A caballo del erotismo de la pulga en la oreja,
dicen que El provecto olvido del renuncio es
sin duda un texto conceptualmente díscolo,
pero que la autora posee un estilo hermafrodita.
La presentación abunda en detalles confesionales,
nunca referidos a la trama; antes bien, a la picazón.
Un crítico habla de lectores multiorgásmicos,
y la autora suscribe el comentario con suspiros.
Comenzón del inconsciente, rizomas del deseo,
el texto atenta contra la pacatería burguesa.
Suspira desnuda la autora, y acomoda las nalgas
transpiradas en el terciopelo rojo de la butaca.
Sonríe, inhala, hipa y acaricia el micrófono.


Congreso de escritores

A la sombra de las palmeras, bajo sombrillas,
se promueve el verbo olivó, aprueba el círculo,
mientras sorbe maracuyá de la pajita a rayas.
Hay alerta de escorpiones en la zona, por lo que 
se recomienda no despojarse de los escarpines.
Todavía quedan asuntos relevantes por encarar,
dicen de cara a los próximos tres días, y sorben.
Efectivamente, el pronóstico de escorpiones
se cumple, y los bichos infestan el paraíso.
Preventivamente, se pone en duda la continuidad
del congreso, bajo riesgo de conflictos culturales.
Sorben maracuyá cabizbajos; alistan pasaportes,
y revisan las ponencias que esta vez no fueron.


Camisa de fuerza

Mi enfermedad es con el lenguaje, no sé,
es como que no me sale, quiero decir una
cosa y me sale otra, y además, me revienta,
nadie me escucha, por eso mi enfermedad
es grave, por venérea, olvido anunciarme.
Acá me dicen que la lengua no tiene nada
que ver, que si no que mire la lengua
a la vinagreta, o el lengüetazo de vaca en el 
pelo, pero yo no entiendo qué tiene que ver.
Por eso me revienta que no me salga,
porque como decir tengo mucho que decir,
pero no me sale, y encima no me escuchan.
No sé por qué no me sale, si es tan fácil.



Santiago Espel (Buenos Aires, 1960), Mesa de entradas. La Carta de Oliver. Buenos Aires. 2015.


Laura López Morales | La médula



Laura López Morales | La médula


se fue el agua

no la de los charcos
no la de lavar la cara al primer despierto
tampoco la anegada en los corrales

la que mandas traer
es un agua que no está
que sabes que no está
pero igual
vas a pararte entre los baldes vacíos
como entre personas pequeñas
niños nacidos en mitad de la noche
para mirarles descreída
el hueco de los ojos


/

de esta tierra era el ángel
con el ala rota a cascotazos
cuidando los muertos de un pueblo del sur
de esta tierra era
pero lo traje aquí
donde el agua no alcanza a ser nieve
y no cuajan las formas
ni el nombre de las cosas

fue un acto de egoísmo
dejarlo mirar estos escombros
estas flores infames
proclives a la más mínima redención
al más ínfimo suspiro

pero quién podrá culparme
de querer un ángel para mi sed
el humo en que cae y se pulveriza
su manera de ser inhumada


/

soñé 
con lo bellas que seríamos
desde esa altura
en que los vuelos comerciales
rompen el aire de la tarde
y resplandecen de soledad
justo antes
de cruzar la sierra


Laura López Morales (Villa Dolores, Córdoba, 1976), La médula. Borde Perdido Editora. Córdoba. 2016.

Christian Hertel | Los restos permanentes

Foto: Juan Pablo Giusepponi




Christian Hertel | Los restos permanentes



abro el mantel
pongo dos platos
dos copas
los cubiertos

en la mesada de la cocina
termino de condimentar

antes repaso
servilletas
sacacorchos
Duke Ellington

sirvo su plato
sirvo el mío
dejo caer el vino en su copa
en la mía
doblo en forma de triángulo
una servilleta para cada uno

espero que el humo del plato
me cubra la cara
apoyo los codos sobre la mesa
y hago de cuenta
que se ha retrasado



/



un viento desigual sacude
las lonas del patio

blandos martillazos del norte
arman el compás de la mañana

en cada embate furioso
los pájaros que bajan, tímidos
por las migas del desayuno
se alejan

cierto parecido en la condición
no saber cuánto ha recorrido
esta araña
que viene decidida, vital
a terminar en mis manos


/


cuando terminó de plegar la última caña
subió a la cabina trasera de la Ford
un calentador a gas
un chaleco
frascos vacíos para guardar el maíz
la cajita amarilla de anzuelo y plomos
y una valija muy grande
que no usaba en los viajes al dique
con mi tío

entonces, fue cuando le pregunté
si mamá estaba de acuerdo
en que se fuera a mitad de semana
y a pescar



Christian Hertel (Córdoba, 1983), Los restos permanentes. Borde Perdido Editora. Córdoba. 2015.

Felicitas Casillo | El gran enero


Foto: Gabi Salomone



Felicitas Casillo | El gran enero



Mojarras


El verano transcurre lejos de las aulas.
Somos ahora pequeños indios.
Reconocemos el destello de un cardumen
bajo la piel del remanso.

Surgirá de la corriente
el filo romo de sus cuerpos.
Del canal irán a un balde.
El balde viajará hasta la casa.

La atención menguará con el paso de las horas,
y quietas contra el fondo,
como ojos rasgados los vientres pálidos,
morirán las niñeras viejas.
Se nos irán durante la siesta las mojarras.



Polillas sobre el humo


Busco en la palabra el acontecimiento.
Lo importante simplemente sucede.
Vos y yo moriremos algún día.
Nos ocurrirá la muerte
y la muerte será algo que haremos.
¿Te asusta?
La soberbia nunca te recordará eso.


Cuando todo termine,
muchas palabras revolotearán
como polillas sobre el humo.
Yo adiestro a las mías
para que al menos vuelen como pájaros.


Pero las grandes historias fueron forjadas
en los talleres donde se compartía el pan
y contra el dolor se hacía durar la risa.
Esas historias serán una escuadrilla luminosa
sobre el cielo.


Y te asusta, como todo lo maravilloso.
Yo escribo para decirte que estamos a tiempo.

Felicitas Casillo (Bahía Blanca, 1986), El gran enero. Ediciones Del Dock. Buenos Aires. 2017.

Patti Smith | Nosotros tres




Patti Smith | Nosotros tres
[Traducción: Griselda García]


(Cada domingo, voy a bajar al bar
y dejarle la guitarra.)

Decís que me querés.
Yo quiero a otro.
Decís que soñás conmigo.
Sueño con tu hermano.
Ay, las estrellas brillan desconfiadas
para nosotros tres.

Dijiste que cuando estabas conmigo nada te pegaba.
Tomamos juntos toda la noche y de repente empezaste a llorar.
Nene, por favor, no me saques la esperanza.

Decís que me querés.
Yo quiero a otro, nene.
Decís que me deseás.
Deseo a tu hermano.
Ay, los dados ruedan tan engañosamente
para nosotros tres.

Era sólo otro sábado
y todo estaba en clave de LA.
Y prendí un cigarrillo para tu hermano
y se dio vuelta y me escuchó decir desesperada
"nene, por favor, no me saques la esperanza".

Decís que me querés.
Yo quiero a otro.
Decís que rezás por mí.
Rezo por tu hermano.
Ay, lo veo a él tal como me veo a mí misma.
Así que por favor, alejate y dejame decirte
ay, ¿no ves que el tiempo es la llave que abrirá el destino
de nosotros tres?

Cada noche en estrellas separadas, antes de irnos a dormir, rezamos sin aliento.
Nene, por favor, no me saques la esperanza.




We Three

(Every Sunday I will go down to the bar
and leave him the guitar.)

You say you want me.
I want another.
Say you dream of me.
Dream of your brother.
Oh, the stars shine so suspiciously
for we three.

You said when you were with me that nothing made you high.
We drank all night together and you began to cry so recklessly.
Baby, please, don't take my hope away from me.

You say you want me.
I want another, baby.
You say you wish for me.
Wish for your brother.
Oh, the dice roll so deceptively
for we three.

It was just another Saturday
and ev'rything was in the key of A.
And I lit a cigarette for your brother.
And he turned and heard me say so desp'rately,
"Baby, please, don't take my hope away from me."

You say you want me.
I want another.
You say you pray for me.
Pray for your brother.
Oh, the way that I see him is the way I see myself.
So please stand back now and let time tell you.
Oh, can't you see that time is the key that will unlock the destiny
of we three?

Every night on sep'rate stars, before we go to sleep, we pray so breathlessly.
Baby, please, don't take my hope away from me.


Patti Smith. Traducción: Griselda García.


N.B.: Esta traducción se revisa con periodicidad. Si copia y pega en su sitio, vuelva a menudo a ver cómo avanza (o retrocede).

Marcelo Fagiano | La sed de Heráclito



Marcelo Fagiano | La sed de Heráclito


Pictografías


Ya no hay tiempo que perder
caminan por la cornisa como ciegos
y parados al filo del barranco
recitan fragmentos de sus sueños.

Ya no hay tiempo –piensa 
y pinta sobre las paredes de granito
la silueta de un cazador
                        al borde del abismo.



Máscara


Sucede en un instante
asalta el ánimo
como una piedra
en la cara de los huesos
se instala para siempre
ocurre de golpe
sintetiza los herrumbres y los brillos
copia las formas del enojo y la felicidad:
de pronto una mañana
en el relámpago de un espejo
ajustamos
la máscara
que usaremos
por el resto de la vida.



Del big bang al big crush


Es mentira que el universo
expande sus costillas hacia Orión
todo se reduce en los rincones del olvido
añora la inmensidad de aquellos paisajes:

me he quedado solo
como aquella vez
cuando te buscaba en el mundo.




Marcelo Fagiano (Río Cuarto, Córdoba, 1959), La sed de Heráclito. Ediciones Del Dock. Buenos Aires. 2017.

Jorge Aulicino | Dejás que la gata pruebe sus dientes en tus nudillos



Jorge Aulicino | Dejás que la gata pruebe sus dientes en tus nudillos... 


Dejás que la gata pruebe sus dientes en tus nudillos
y eso está bien, ella te dice cuánto puede calcular
la profundidad de la mordida,
en milímetros la extensión de su garras.
Y por tu parte probás la consistencia real de una perfección.
Caravaggio quiso la luz de una dentellada en sus cuadros oscuros;
la luz en la oscuridad que se hace de golpe
era la luz sin duda de aquel raggazzo del Tevere.
Las gatas te miran perdonando tu vida de gran gato sin garras
que camina por la casa.
Sus ojos entrecerrados dicen: nacimos en equilibrio,
para nosotras la revelación no hace falta.


Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949), Mar de Chukotka. Inédito.

Carolina Zamudio | Rituales del azar



Carolina Zamudio | Rituales del azar



Cansancio

Deberíamos morir todos así, de golpe
y clava su lengua de acero recién afilado
justo en medio de la médula de mi noche.

Sostengo el cansancio entre temblores
y ella sigue —cándida y cruel—
tejiendo su día:
lo que queda de una enferma que aún respira
aunque quiera dejarse ir
que los restos de su madre sepultados años ha
deben ser cremados
que la muerte, la vida, la muerte.

Algo tenue, umbilical, nos mantiene
mientras una voz frenética hila dentro mío
quien me dio la vida debería abstenerse
de mezclar banalidad
con cuestiones tan cruciales:
la noche y el cansancio.



Inundación


Hay un par de zapatos
jugando bajo tu cama.
Parece que también hay víboras
te atan a las sábanas.
Un cortocircuito, una historia rebanada
un trago áspero
tu alma en el espejo delineando sudor.
Parece que la inundación fue por tu llanto
no cesó ni en los paros
a los que se atrevió tu corazón.
Parece que el amor abrió
de golpe la ventana
y sin haberlo pensado hizo lo suyo
el suicidio mejor.
Hay una mujer amarrada a una cama
una historia en pausa

entre alambres de púa.

Carolina Zamudio (Curuzú Cuatiá, 1973), Rituales del azar / Rituels du hasard. Francia, 2017. Traducción de Rémy Durand.

Graciela Batticuore | La noche

Foto: Gabi Salomone


Graciela Batticuore | La noche


Vino la lluvia anoche
regó los pinos

sobre el pasillo aquel
piñas mojadas y esmeraldas

no sé por qué la noche
siempre me amansa
me envuelve con almizcle
y canela blanca

la noche intensa me arrulla
y no sé más nada.


/


Qué bien suena la lluvia
esta mañana
galopa sobre la tierra extenuada

las aves no cantan

blindado parece el cielo
entre relámpagos

los perros se espantan

las mariposas
¿dónde se guardan?
¿cómo aquietan sus alas?

y si la vida es corta
¿podrán trazarla?

El tiempo transcurre sin reparar en nada.


Graciela Batticuore (Buenos Aires, 1966), La noche. Ediciones Del Dock. Buenos Aires. 2017.

Gustavo Gottfried | Llegaba siempre tarde a los actos escolares...




Gustavo Gottfried | Llegaba siempre tarde a los actos escolares..
.


Llegaba siempre tarde a los actos escolares
no encontraba lugar en el salón
y se sentaba con las maestras.

Siempre sobresalía, y eso era
lo que a mí me avergonzaba. Sentir
vergüenza de ella me daba culpa
y la culpa me ponía nervioso.

Tardé años en entender
que yo tenía una madre trabajadora
que lavaba y planchaba y también
atendía clientes y proveedores
cocinaba y me hacía los mapas
de geografía
además de ir al banco Provincia.

En los años setenta no era
tan común como ahora.
Si pudiera hablar
con el chico que sale en las fotos...

Aunque no sé si podría escucharme:
lo único que quiere es ser uno más
y piensa que se trata de eso, sólo eso:
¿por qué no me ayuda?



El ruiseñor y la rosa


Mi madre tenía un libro
de papel de arroz y tapas de cuero
una extraña biblia
que fue parte de mi infancia.

Esos cuentos, que ella me leía
de pájaros que mueren por amor
me dejaban estrujado como un trapo.
Pero igual, apenas pude leer solo

lo volví a tomar entre las manos.
Era algo prohibido
aunque nadie dijo nada.
Hoy sospecho que ese libro

es bastante responsable
de este hombre
un poco diferente, que ahora soy.


/


¿Quién está comiendo mandarinas?
preguntaba la maestra
en algún momento de la clase.

Y pocas veces la descubría
porque mi madre era veloz
para esconder la evidencia

pero no tanto para aceptar
que el olor suntuoso de la fruta
siempre iba a delatarla.



Gustavo Gottfried (Buenos Aires, 1969), La austeridad es la divisa de mi familia. Mágicas Naranjas ediciones. Buenos Aires. 2017.

Front 242 | Golpe maestro



Front 242 | Golpe maestro
[traducción: GG]

Vos me conocés y yo seguro te conozco a vos
y a todos

Parecés tan... tierno


Dame más de esas pequeñas bestias cálidas
que aprecio tanto

Maestro, estoy tan contento de sentir tu presencia
pero no parecés compartir mi impaciencia
confío en que rompas el silencio
no puedo entender tu reticencia

Maestro, me siento tan cálido y estoy tan feliz, oh, maestro

Dame más de esas pequeñas bestias cálidas
que aprecio tanto

Parecés tan...

Podría derretir la pared helada que levantaste entre nosotros
y ahora que estoy del otro lado, parecés bastante sorprendido
viscosos anillos restrictivos alrededor de tu cuerpo cálido
teniéndote atado, teniéndote atado... me siento tan feliz

Parecés tan tierno
como esas pequeñas bestias cálidas
que aprecio tanto



Front 242 | Master hit

You know me and I sure know you
Everyone of you

You seem so... Tender

Give me some more of the warm little beasts
I'm so fond of
Master, I'm so glad to feel your presence
But you don't seem to share my impatience

I relied upon you to break the silence
I cannot understand your reluctance

Master, I feel so warm and I'm so happy, oh master

Give me some more of the warm little beasts
I'm so fond of

You seem so
I could melt the frozen wall you raised between us
And now I'm on the other side, you seem rather surprised
Constricting viscous rings around your warm body
Holding you tied, holding you tied... and I feel so happy

You seem so tender
As the warm little beasts
I'm so fond of



Front 242: Daniel Bressanutti, Jean-Luc De Meyer, Patrick Codenys, Richard 23. "Official version". Brussels. Belgium. 1987. Traducido por Griselda García.

N.B.: Esta traducción se revisa con periodicidad. Si copia y pega en su sitio, vuelva a menudo a ver cómo avanza (o retrocede).