Gustavo Gottfried | Llegaba siempre tarde a los actos escolares...




Gustavo Gottfried | Llegaba siempre tarde a los actos escolares..
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Llegaba siempre tarde a los actos escolares
no encontraba lugar en el salón
y se sentaba con las maestras.

Siempre sobresalía, y eso era
lo que a mí me avergonzaba. Sentir
vergüenza de ella me daba culpa
y la culpa me ponía nervioso.

Tardé años en entender
que yo tenía una madre trabajadora
que lavaba y planchaba y también
atendía clientes y proveedores
cocinaba y me hacía los mapas
de geografía
además de ir al banco Provincia.

En los años setenta no era
tan común como ahora.
Si pudiera hablar
con el chico que sale en las fotos...

Aunque no sé si podría escucharme:
lo único que quiere es ser uno más
y piensa que se trata de eso, sólo eso:
¿por qué no me ayuda?



El ruiseñor y la rosa


Mi madre tenía un libro
de papel de arroz y tapas de cuero
una extraña biblia
que fue parte de mi infancia.

Esos cuentos, que ella me leía
de pájaros que mueren por amor
me dejaban estrujado como un trapo.
Pero igual, apenas pude leer solo

lo volví a tomar entre las manos.
Era algo prohibido
aunque nadie dijo nada.
Hoy sospecho que ese libro

es bastante responsable
de este hombre
un poco diferente, que ahora soy.


/


¿Quién está comiendo mandarinas?
preguntaba la maestra
en algún momento de la clase.

Y pocas veces la descubría
porque mi madre era veloz
para esconder la evidencia

pero no tanto para aceptar
que el olor suntuoso de la fruta
siempre iba a delatarla.



Gustavo Gottfried (Buenos Aires, 1969), La austeridad es la divisa de mi familia. Mágicas Naranjas ediciones. Buenos Aires. 2017.

Front 242 | Golpe maestro



Front 242 | Golpe maestro
[traducción: GG]

Vos me conocés y yo seguro te conozco a vos
y a todos

Parecés tan... tierno


Dame más de esas pequeñas bestias cálidas
que aprecio tanto

Maestro, estoy tan contento de sentir tu presencia
pero no parecés compartir mi impaciencia
confío en que rompas el silencio
no puedo entender tu reticencia

Maestro, me siento tan cálido y estoy tan feliz, oh, maestro

Dame más de esas pequeñas bestias cálidas
que aprecio tanto

Parecés tan...

Podría derretir la pared helada que levantaste entre nosotros
y ahora que estoy del otro lado, parecés bastante sorprendido
viscosos anillos restrictivos alrededor de tu cuerpo cálido
teniéndote atado, teniéndote atado... me siento tan feliz

Parecés tan tierno
como esas pequeñas bestias cálidas
que aprecio tanto



Front 242 | Master hit

You know me and I sure know you
Everyone of you

You seem so... Tender

Give me some more of the warm little beasts
I'm so fond of
Master, I'm so glad to feel your presence
But you don't seem to share my impatience

I relied upon you to break the silence
I cannot understand your reluctance

Master, I feel so warm and I'm so happy, oh master

Give me some more of the warm little beasts
I'm so fond of

You seem so
I could melt the frozen wall you raised between us
And now I'm on the other side, you seem rather surprised
Constricting viscous rings around your warm body
Holding you tied, holding you tied... and I feel so happy

You seem so tender
As the warm little beasts
I'm so fond of



Front 242: Daniel Bressanutti, Jean-Luc De Meyer, Patrick Codenys, Richard 23. "Official version". Brussels. Belgium. 1987. Traducido por Griselda García.

Santiago Espel | Busco trabajo en el faro más solitario del mundo



Santiago Espel | Busco trabajo en el faro más solitario del mundo


Si saben de algo
por favor comunicarse
urgentemente con la mensajería.
Sobrada experiencia en soledades
y adaptación plena a los climas más cruentos.
Disponibilidad horaria ilimitada.
Necesidades higiénicas esporádicas.
Dos idiomas y excelencia en el silencio.
Avistaje y clasificación de utopías.
Rescate de náufragos y soñadores compulsivos.
Se ruega confidencialidad absoluta.


Genealogía del arrepentido

Besar el cielo
o besar el suelo.
El acto impúdico 
del genuflexo.


Esperma de ballena

Ahab lideró una épica
con la escritura de sus arpones.
Lejos de igualar esa mitología
la industria de la cosmética
se ocupa de la belleza
de atildadas señoras
que jamás leerán Moby Dick.




Santiago Espel (Buenos Aires, 1960). Poemas publicados en Ñ. 20-5-2017.

Wisława Szymborska | La mujer de Lot



Wisława Szymborska | La mujer de Lot


Dicen que miré hacia atrás por curiosidad.
Pero, además de la curiosidad, pude tener otros motivos.
Miré hacia atrás apenada por mi escudilla de plata.
Por descuido, al atarme una sandalia.
Para dejar de ver la nuca justiciera
de mi esposo, Lot.
Por la súbita convicción de que si caía muerta
él ni siquiera se detendría.
Por desobediencia propia de mansos.
Aguzando el oído a las señales de la persecución.
Intrigada por el silencio, con la esperanza de que Dios hubiera cambiado de idea.

Nuestras dos hijas desaparecían ya tras la colina.
Sentí en mí la vejez. Y la distancia.
La futilidad de una vida errante. La somnolencia.
Miré hacia atrás al dejar mi fardo en el suelo.
Miré hacia atrás por temor a dar un paso en falso.
En el sendero surgieron serpientes,
arañas, ratones de campo y crías de buitre.
No eran buenos ni malos, simplemente cuanto vivía
reptaba y saltaba presa del pánico gregario.
Miré hacia atrás por desamparo.
Por vergüenza de escabullirme a hurtadillas.
Por deseo de gritar, de volver.
O después de que se desencadenara el viento,
me alborotara el pelo y me levantara las faldas del vestido.
Tuve la sensación de ser observada desde las murallas de Sodoma
y de ser blanco de burlas y de sonoras carcajadas.
Miré hacia atrás por cólera.
Para regodearme en su destrucción.
Miré hacia atrás por la suma de motivos arriba mencionados.
Miré hacia atrás sin querer.
Un pedrusco se volvió gruñendo debajo de mi pie.
Un abismo me cortó de repente el camino.
Al borde del vacío, un hámster se levantaba sobre sus patas traseras.
Y fue entonces cuando ambos miramos hacia atrás.

No, no. Yo seguí corriendo,
me arrastré y emprendí el vuelo
hasta que del cielo cayeron las tinieblas,
la grava hirviente y los pájaros muertos.
Di vueltas y más vueltas sobre mí misma, sin aliento.
Hubiera pensado, quien verme hubiere podido, que bailaba.
No es imposible que tuviera los ojos abiertos.
Quizá cayera de cara a la ciudad.


Wisława Szymborska (Prowent, actual Kórnik, 1923 - Cracovia, 2012). Traducción: Jerzy Sławomirski y Ana María Moix

Allen Ginsberg | Por favor maestro



Allen Ginsberg | Por favor maestro
[traducción: Griselda García]


Por favor maestro puedo tocar su mejilla
por favor maestro puedo arrodillarme a sus pies
por favor maestro puedo aflojar sus calzoncillos azules
por favor maestro puedo contemplar su vientre de vello dorado
por favor maestro puedo observar sus muslos desnudos
por favor maestro puedo sacarme la ropa bajo su silla
por favor maestro puedo besar sus tobillos y su alma
por favor maestro puedo poner mis labios en su musculoso muslo sin vello
por favor maestro puedo dejar mi oreja apretada sobre su estómago
por favor maestro puedo envolver con mis brazos su culo blanco
por favor maestro puedo lamer su entrepierna rizada de suave pelaje rubio
por favor maestro puedo tocar con mi lengua su culo rosado
por favor maestro puedo pasar mi cara por sus huevos
por favor maestro ordéneme que me tire al piso
por favor maestro dígame que lama su verga gruesa
por favor maestro ponga sus manos ásperas en mi cráneo calvo y peludo
por favor maestro apriete mi boca contra el corazón de su pija
por favor maestro apriete mi boca contra su vientre, lléveme lentamente con fuerza
hasta que su dureza muda llene mi garganta hasta el fondo
hasta que trague y saboree la delicada carne caliente del cañón de su pija venosa Por favor
Maestro aparte mis hombros y míreme a los ojos y hágame inclinar sobre la mesa
por favor maestro agarre mis muslos y levante mi culo hasta su cintura
por favor maestro la caricia áspera de su mano en mi cuello su palma en mi trasero
por favor maestro levánteme, mi pie sobre sillas, hasta que mi agujero sienta el aliento de su escupida y la caricia de su pulgar
por favor maestro hágame decir Por favor Maestro Cójame ahora Por favor
Maestro engrase mis bolas y mi boca peluda con dulces vaselinas
por favor maestro acaricie su verga con cremas blancas
por favor maestro toque con la cabeza de su pija mi propio agujero arrugado
por favor maestro empújelo suavemente, sus codos enlazados en mi pecho
sus brazos bajando por mi vientre, mi pene que toca con sus dedos
por favor maestro métamela un poquito, un poquito, un poquito
y por favor maestro hunda su cosa enorme en mi trasero; por favor maestro hágame mover el culo para que coma el tronco de su pija
hasta que mis nalgas abracen sus muslos, mi espalda arqueada,
hasta que quede solo aguantándome, su espada clavada latiendo en mí
por favor maestro sáquela y métala lentamente hasta el fondo
por favor maestro arremeta de nuevo y retire la punta
por favor por favor maestro cójame otra vez con su ser, por favor cójame maestro Por favor
maestro empuje hasta que me duela la suavidad la
Suavidad por favor maestro, hágale el amor a mi culo, dé cuerpo al centro y cójame para siempre como a una chica,
agárreme con ternura por favor maestro me llevo hacia usted,
y meta en mi vientre el mismo dulce crucifijo caliente
que manoseó en soledad en Denver o Brooklyn o clavó en alguna virgen en estacionamientos de París
por favor maestro lléveme en su vehículo, cuerpo de gotas de amor, sudor de polvo
cuerpo de ternura, cójame a lo perro más rápido
por favor maestro hágame gemir sobre la mesa
gemir Oh por favor maestro cójame así
a su ritmo de excitada zambullida y retirada, rebote y presión
hasta que afloje mi culo como un perro sobre la mesa aullando con terror y deleite de ser amado
por favor maestro llámeme perro, bestia anal, culo mojado; y cójame con más violencia, mis ojos ocultos tras sus palmas alrededor de mi cráneo,
y húndase en un duro azote brutal por el suave goteo de pez,
y palpite cinco segundos hasta chorrear el calor de su semen
una y otra vez, dejándomelo adentro mientras grito su nombre, lo amo
por favor Maestro.



Please master



Please master can I touch your cheeck
please master can I kneel at your feet
please master can I loosen your blue pants
please master can I gaze at your golden haired belly
please master can I have your thighs bare to my eyes
please master can I take off my clothes below your chair
please master can I can I kiss your ankles and soul
please master can I touch lips to your hard muscle hairless thigh
please master can I lay my ear pressed to your stomach
please master can I wrap my arms around your white ass
please master can I lick your groin gurled with blond soft fur
please master can I touch my tongue to your rosy asshole
please master may I pass my face to your balls,
please master order me down on the floor,
please master tell me to lick your thick shaft
please master put your rough hands on my bald hairy skull
please master press my mouth to your prick-heart
please master press my face into your belly, pull me slowly strong thumbed
till your dumb hardness fills my throat to the base
till I swallow and taste your delicate flesh-hot prick barrel veined Please
Mater push my shoulders away and stare in my eyes, & make me bend over the table
please master grab my thighs and lift my ass to your waist
please master your hand's rough stroke on my neck your palm down to my backside
please master push me, my feet on chairs, till my hole feels the breath of your spit and your thumb stroke
please master make my say Please Master Fuck me now Please
Master grease my balls and hairmouth with sweet vaselines
please master stroke your shaft with white creams
please master touch your cock head to my wrinkled self-hole
please master push it in gently, your elbows enwrapped round my breast
your arms passing down to my belly, my penis you touch w/ your fingers
please master shove it in me a little, a little, a little,
please master sink your droor thing down my behind
& please master make me wiggle my rear to eat up the prick trunk
till my asshalfs cuddle your thighs, my back bent over,
till I'm alone sticking out, your sword stuck throbbing in me
please master pull out and slowly roll onto the bottom
please master lunge it again, and withdraw the tip
please please master fuck me again with your self, please fuck me Please
Master drive down till it hurts me the softness the
Softness please master make love to my ass, give body to center, & fuck me for good like a girl,
tenderly clasp me please master I take me to thee,
& drive in my belly your selfsame sweet heat-rood
you fingered in solitude Denver or Brooklyn or fucked in a maiden in Paris carlots
please master drive me thy vehicle, body of love drops, sweat fuck
body of tenderness, Give me your dogh fuck faster
please master make me go moan on the table
Go moan O please master do fuck me like that
in your rhythm thrill-plunge & pull-back-bounce & push down
till I loosen my asshole a dog on the table yelping with terror delight to be loved
Please master call me a dog, an ass beast, a wet asshole,
& fuck me more violent, my eyes hid with your palms round my skull
& plunge down in a brutal hard lash thru soft drip-fish
& throb thru five seconds to spurt out your semen heat
over & over, bamming it in while I cry out your name I do love you
please Master.


May 1968



Allen Ginsberg (Newark, 1926-Nueva York, 1997). Escúchelo aquí en la voz de su autor.




N.B.: Esta traducción se revisa con periodicidad. Si copia y pega en su sitio, vuelva a menudo a ver cómo avanza (o retrocede).

Patricio E. Torne | Perros y más perros



Patricio E. Torne | Perros y más perros


Las cosas en su lugar


Todos tuvimos entrega,
ninguna muerte fue un obstáculo. 
Cada quien fue arrasado
como la circunstancia quiso
hasta pagar las consecuencias.
En mi caso fue dolor,
bruto dolor,
así de simple.

Pero los otros están muertos.

Duele todavía,
es cierto, 
duele todavía,
pero las víctimas son los otros.



*

No tengo claridad.
Lo mío es subjetividad
de perro.

No hay jauría 
que me plazca.
No hay cómo volverme
doméstico.
Siempre espulgándome solo.
Paradito en la llanura
viendo si viene otro perro.

Ya no tengo claridad.
Pero si es por este hueso,
no es el amo que yo quiero.


Patricio E. Torne (Helvecia, Santa Fe, 1956), Perros y más perros. Editorial deacá. Buenos Aires. 2015.

Walt Whitman | ¡Oh, Capitán!, ¡mi Capitán!




Walt Whitman | ¡Oh, Capitán!, ¡mi Capitán!
[traducción: Griselda García]




¡Oh, Capitán!, ¡mi Capitán! Nuestro terrible viaje ha concluido,
el barco ha soportado cada escollo, ganamos el anhelado premio,
el puerto está cerca, oigo las campanas, la gente se regocija,
mientras los ojos siguen la firme quilla del el navío sombrío y osado;
mas, ¡oh, corazón, corazón, corazón!
oh, las sangrantes gotas rojas,
donde sobre cubierta mi Capitán yace,
caído, frío y muerto.

¡Oh, Capitán!, ¡mi Capitán! Levántate y oye las campanas;
levántate —por ti han izado la bandera— por ti el clarín vibra,
para ti ramos y coronas con cintas — para ti las costas colmadas,
por ti clama el gentío oscilante, sus ansiosos rostros que se vuelven;
¡ven, Capitán! ¡querido padre!
¡este brazo bajo tu cabeza!
es un sueño que, sobre la cubierta,
has caído, frío y muerto.

Mi Capitán no responde, sus labios están pálidos y quietos,
mi padre no siente mi brazo, no tiene pulso ni voluntad,
el barco está anclado sano y salvo, su travesía acabada y concluido,
de un viaje terrible el barco victorioso regresa con su objetivo ganado;
¡regocíjense, oh, costas, y doblen, oh, campanas!
mas yo, con triste andar,
recorro la cubierta en la que mi Capitán yace,
caído, frío y muerto.




O CAPTAIN! MY CAPTAIN!

O CAPTAIN! my Captain! our fearful trip is done,
The ship has weather'd every rack, the prize we sought is won,
The port is near, the bells I hear, the people all exulting,
While follow eyes the steady keel, the vessel grim and daring;
But O heart! heart! heart!
O the bleeding drops of red,
Where on the deck my Captain lies,
Fallen cold and dead.

O Captain! my Captain! rise up and hear the bells;
Rise up—for you the flag is flung—for you the bugle trills,
For you bouquets and ribbon'd wreaths—for you the shores
a-crowding,
For you they call, the swaying mass, their eager faces turning;
Here Captain! dear father!
This arm beneath your head!
It is some dream that on the deck,
You've fallen cold and dead.

My Captain does not answer, his lips are pale and still,
My father does not feel my arm, he has no pulse nor will,
The ship is anchor'd safe and sound, its voyage closed and done,
From fearful trip the victor ship comes in with object won;
Exult O shores, and ring O bells!
But I with mournful tread,
Walk the deck my Captain lies,
Fallen cold and dead.


Walt Whitman (West Hills, 1819 - Camden, 1892), Leaves of grass. 1900. whitmanarchive.org
Traducción: Griselda García


N.B.: Esta traducción se revisa periódicamente. Si copia y pega en otro sitio, vuelva en un tiempo para tener la versión actualizada.

Reseña por Carlos Schilling



Habitar el instante, la voz irresistible de Griselda García

por Carlos Schilling


En su nuevo libro Ahora, reúne poemas en los que se impone su visión irónica y sapiencial del sexo, la literatura y el amor.


Hay algo irresistible en la poesía de Griselda García que no tiene tanto que ver con su manera de trabajar las palabras ni con su visión de mundo, sino que parece provenir del tono de su voz. Escriba lo que escriba, uno quiere seguir escuchándola, porque hay algo irónicamente sapiencial en ella. Un tono que se percibe tanto en sus poemas confesionales como en los ficcionales (diferencia que nunca es tajante, pero que resulta perceptible cuando habla a través de la boca de un pintor o de un viejo en un geriátrico, por ejemplo).

¿Cómo definir ese tono? Algo así como la voz de la experiencia aunque despojada de la carga peyorativa que tiene esa expresión aplicada a una persona real. Puede ser escéptica, puede ser ácida, puede ser sentimental, incluso, pero nunca resulta una voz pedante. Se materializa en versos de una contundencia aforística, como "Los lugares comunes suelen ser/ los que contienen más verdad/ caímos en todos".

Tanto en los poemas líricos como en los narrativos de Ahora, García compone escenas vívidas en las que consigue retratar a uno o dos personajes y describir una situación completa en pocos trazos. Los mejores ejemplos son "Su ley" o el inolvidable "Nene, ¿no te basta con tu novia?", donde describe el intento de seducción de un joven estudiante: "Me aplaudís cuando termino de leer/ decís que te gusto, que escribo bien/ me presentás a tu novia, estudia Letras./ Cuando ella se va me decís un piropo./ No sé si cambiaron los códigos/ o te tomaste una licencia poética".

La urgencia que se condensa en el título del libro, su presente imperativo, se traduce menos en un carpe diem (vive la vida, diríamos hoy, más cerca de Ricky Martín que de Horacio) que en un "habitar el instante", colmarlo de atención. Dicho con sus propias palabras: "Despertá, el tiempo no espera a nadie".



Daniel Matul | Solentiname




Daniel Matul | Solentiname


El cuajipal

Me habita un extraño animal. No ladra, sólo se pierde en la noche. Juega con mi ropa y nada cerca de las orillas. No lee, no escribe, ni dice frases importantes. Nadie lo mira, pero lo intuyo. Me come las vísceras y los rencores. Nunca me trajo la luna, sino estas palabras, esta isla, este oficio de caminar descalzo sobre el oscuro lago de Cocibolca. Me habita un extraño animal.


La garza

Nada sustituye al vuelo de la garza. Nada sustituye tampoco al miau del gato que ahora camina entre la casa. Cada gota de lluvia cae por sí misma sin pretender sustituir a las demás. La larga transparencia del lago no sustituye a la espuma cuando tropieza con la tierra. Somos el milagro reunido de tu presencia, tu mano, tu pie, tus heridas o tu rostro. Somos la leve oscuridad de la noche, la luz de una hoja y por tanto irreemplazables, aunque a veces el mercado insista en que todo lo que crece en el lago se sustituye por precio o calidad del servicio.



Daniel Matul (Quezaltenango, Guatemala), Solentiname. Editorial Costa Rica. San José. 2017.

Irene Gruss | Mientras tanto

Foto: Tony Valdéz



Irene Gruss | Mientras tanto


Yo estuve lavando ropa
mientras mucha gente
desapareció
no porque sí
se escondió
sufrió
hubo golpes
y
ahora no están
no porque sí
y mientras pasaban
sirenas y disparos, ruido seco
yo estuve lavando ropa,
acunando,
cantaba,
y la persiana a oscuras.


Irene Gruss (Buenos Aires, 1950), La mitad de la verdad. Bajo la luna. Buenos Aires. 2008.

Marina Serrano | Psiquis anatómica




Marina Serrano | Psiquis anatómica


Psoriasis



Al acto de hablar sobre sí mismo lo llamaba:
contar sus miserias. Al roce afectivo, incomodidad.
Sus apetitos eran aplacados más allá del placer sensorial,
incluso el sexo se volvía una operación
tras la cual abandonaba instantáneamente la cama
en busca de agua, al tiempo que, bermejo desnudo,
repetía la frase: esto no puede ser sano.
Lo posterior era una humillación sin golpes ni amenazas
que yo justifiqué por su carácter, repeler
una caricia, un abrazo, como quien escapa al reptil,
tolerar el resto de mi cuerpo sobre la cama.
Quizá su odio, su amor, mutaron en coraza, o en una sábana
de escamas, donde la roña se abría paso hasta lo más íntimo,
volviéndolo insensible, y en la carne, muerto,
quizá era el ser de las tempranas caricias torpes y yo
su descarga biológica y el costo social
de su masculinidad.

--------------
Psoriasis: del griego ψώρα, /

Desde aquella transparencia primitiva,
el entramado visceral, se ocultó,
creando la intimidad
lo opaco el enigma, y la protección,
que sólo al trasluz
de una fuente primordial, deja en evidencia
los ríos rosados que inflaman.
Conservarse reptil
es una forma de evitar
la permeabilidad a la luz, al calor del sol.


/ 'picor', 'sarna'. Que se relaciona con la raíz indoeuropea bhes, 'frotar finamente o pulverizar', más -ia, 'acción, cualidad', más -sis, 'acción'. En medicina, enfermedad de la piel que causa descamación e inflamación (dolor, hinchazón, calentamiento y coloración), inflamatoria, crónica y autoinmune.



Madre


Hilos cruzados en ángulo recto por un telar industrial
y colores ordenados. No puedo hacerte feliz.
Quiero correr y separar mis piernas en la avena,
arrojarme del techo, ser vuelo a ras sobre las alambradas.
Toda tu noche, costura mañosa con lo poco que había,
mis polleras, y tus ganas crudas de mostrarme
sólidas ante el darse cuenta.
Eras joven, y yo tu proyecto. Lo supe
mientras te hablaba, nunca conocí la inocencia.
Nací vieja y nací otra.
Detenida, en aquellos días de fiesta, me veo por las mañanas,
bajo el peine que humedecías en un vaso,
mi cola de caballo en tu mano izquierda.
Las horas que dedicabas a estudiar conmigo,
y lo siento, lo siento tanto,
y duele más porque lo sabías, como yo lo sabía,
no era posible la felicidad soñada.

Ese día, mientras el espejo del baño
se ocupó en reflejar tu necesidad
de ver
esa hermosa ropa recién cosida y su larga noche
sobre mi piel de nena,
te resignaste:
nunca llenaría la materia de tus proyectos, no resulté
una hija como las demás, como la que imaginaste.
La visión de mi esfuerzo te obligaba,
─literalmente, por medio de esa ligazón eterna, te obligaba─
a soltarme y dejar
que sea lo que Dios, o lo que yo, quiera.


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Madre: del latín mater, / 

Preexistía por convención y palabra, el hombre 
Adán, sin nada parecido a la potencia 
del varón, a la búsqueda de la luz 
y la carne. 
Y ella entró 
por su costado. El temprano nadador 
envenenado de oxígeno, que vivía en arenas y lodos, 
en grietas de rocas, charcos y estanques 
y por centuplicación tangible de una fuente universal, 
se hizo otro. 
Y la materia disgregó sus piernas, por inútiles. Y murió con aquel. 
Y aquel con ella. 
El condrioma, como el texto vivo de una biblia, es 
la interminable lista 
de vientres santos que nos hace uno 
con el momento de la creación. 


/ -tris, mātre(m), 'madre'. Forma del lexema en español: madre, matriz. Otro lexema griego que tiene la misma raíz: mētr(ā), μήτρα, en griego, 'matriz'. La raíz indoeuropea - 'madre', tiene una raíz imitativa de la voz infantil que se encuentra en casi todas las lenguas, muchas veces en forma reduplicada. Sánscrito , persa mām, armenio mam, albanez mëmë, irlandés, galés, córnico y bretón, mam, alto alemán antiguo mamme, letón māma, hetita Mamma (diosa). La raíz indoeuropea - también significa 'bueno' (y derivados que significan 'en momento propicio').  



Marina Serrano (Quequén, 1972), Psiquis anatómica. Ediciones En Danza. Buenos Aires. 2016.

Paul Celan | Fuga de la muerte




Paul Celan | Fuga de la muerte



Leche negra del alba la bebemos al atardecer
la bebemos al mediodía y a la mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una fosa en los aires allí no hay estrechez

En la casa vive un hombre que juega con las serpientes que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margarete
lo escribe y sale a la puerta de casa y brillan las estrellas silba
llamando a sus perros
silba y salen sus judíos manda cavar una fosa en la tierra
nos ordena toquen ahora música de baile

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
En la casa vive un hombre que juega con las serpientes que escribe
que escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margarete
Tu cabello de ceniza Sulamita cavamos una fosa en los aires allí
no hay estrechez

Grita caven más hondo en el reino de la tierra los unos y los otros
canten y toquen
echa mano al hierro en el cinto lo blande tiene ojos azules
hinquen más hondo las palas los unos y los otros vuelvan a tocar música de baile

Leche negra del alba que bebemos de noche
te bebemos al mediodía y a la mañana te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarete tu cabello
de ceniza Sulamita él juega con serpientes

Grita toquen más dulcemente a la muerte la muerte es un amo de Alemania
grita toquen más sombríamente los violines luego subirán como humo en el aire
luego tendrán una fosa en las nubes allí no hay estrechez

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte es un amo de Alemania
te bebemos al atardecer y a la mañana bebemos
y bebemos la muerte es un amo de Alemania su ojo es azul
te alcanza con bala de plomo te alcanza certero
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarete
azuza sus perros contra nosotros nos regala una fosa en el aire
acosa con las serpientes y sueña la muerte es un amo de Alemania

tu cabello de oro Margarete
tu cabello de ceniza Sulamita.


Paul Celan (Czernowitz, 1920- París, 1970). Todesfuge. Traducción: Jesús Munárriz. Clic aquí para escucharlo leído en la voz de su autor.

Marina Tsvetáyeva | Intento de celos



Marina Tsvetáyeva | Intento de celos


¿Cómo es tu vida con otra?
¿Es más simple? Un golpe de remos 
y una larga costa  
y el recuerdo de mí

es pronto una isla a la deriva
(no en el océano  ¡en el cielo!)
las almas  serán hermanas 
hermanas, no amantes.

¿Cómo es tu vida con una mujer
normal, sin un dios adentro?
Reemplazada la reina 

¿cómo respiras ahora?
¿Te despiertas con miedo?
¿Qué haces, pobre hombre?

"Histeria e interrupciones 
¡basta! ¡Alquilaré mi propia casa!"
¿Cómo es tu vida con esa otra,
tú, mi bien?

¿El desayuno es delicioso?
(si te enfermas, ¡no me culpes a mí!)
¿Cómo es vivir con una postal,
tú, que pisaste el Sinaí?

¿Cómo es tu vida con una turista
de la Tierra? ¿Su costilla (¿la amas?)
es de tu agrado?

¿Cómo va la vida? ¿Toses?
¿Tarareas para ahogar a los ratones de tu mente?

¿Cómo vives con bienes baratos: el mercado está en alza?
¿Cómo es besar polvo de yeso?

¿Estás aburrido de su nuevo cuerpo?
¿Cómo te está yendo con una mujer terrenal, 
sin sexto sentido?

¿Estás feliz?
¿No? En un pozo superficial  ¿cómo está tu vida,
mi amor? ¿Tan dura como la mía
con otro hombre?

1924


“An Attempt at Jealousy” 
by Marina Ivánovna Tsvetáyeva

How is your life with that other one?
Simpler, is it? A stroke of the oars
and a long coastline—
and the memory of me

is soon a drifting island
(not in the ocean—in the sky!)
Souls—you will be sisters—
sisters, not lovers.

How is your life with an ordinary
woman? without the god inside her?
The queen supplanted—

How do you breathe now?
Flinch, waking up?
What do you do, poor man?

“Hysterics and interruptions—
enough! I’ll rent my own house!”
How is your life with that other,
you, my own.

Is the breakfast delicious?
(If you get sick, don’t blame me!)
How is it, living with a postcard?
You who stood on Sinai.

How’s your life with a tourist
on Earth? Her rib (do you love her?)
is it to your liking?

How’s life? Do you cough?
Do you hum to drown out the mice in your mind?

How do you live with cheap goods: is the market rising?
How’s kissing plaster-dust?

Are you bored with her new body?
How’s it going, with an earthly woman, 
with no sixth sense?

Are you happy?
No? In a shallow pit—how is your life,
my beloved? Hard as mine
with another man?

1924

English version from the Russian by Ilya Kaminsky and Jean Valentine. www.poetryfoundation.org



Marina Ivánovna Tsvetáyeva (Moscú, 1892- Yelábuga, 1941). Traducción del inglés: Griselda García.


N.B.: Esta versión puede cambiar de un momento a otro. Vuelva a menudo y observe su progreso.


Mirta Rosenberg | Cuaderno de oficio



Mirta Rosenberg | Cuaderno de oficio


Utilidad de la poesía a las tres de la mañana


Oscuridad. Un poco de silencio.
No hay viento. Ni llueve.
No ayuda la naturaleza
a hacer la hora
menos callada.

Con los ojos abiertos en la oscuridad
pienso rimas: de silencio
todo lo que reverencia;
de naturaleza su delicadeza
o su fortaleza, aunque nada
me da. La hora está vacía.

El ahora está vacío.
Si no viene la poesía,
no habrá nada.
El miedo vendrá.


/


Leo que el capullo
del cerezo sakura,
y también el capullo del durazno
y el de la ciruela, caen al suelo
apenas mecidos por la brisa
sin estar plenos.

Su momento de mayor belleza 
es allí, sobre la hierba.
Tras la caída
se hacen completos.

Los miro y bajo el tibio sol
aprendo.



Mirta Rosenberg (Rosario, Santa Fe, 1951), Cuaderno de oficio. Bajo la luna. Buenos Aires. 2016.

Graciela Aráoz | Una mujer llora en la cocina...


Foto: Daniel Mordzinski


Graciela Aráoz | Una mujer llora en la cocina...


Una mujer llora en la cocina. Detrás
del olor a locro.
Macera la carne con limón
y con su inefable tristeza.

Las lágrimas caen en la espuma de leche
que se derrama hasta la indolencia.
El aire se vuelve tan oleoso que debería irse
y apagar el día.

En la cocina una mujer se parte viva,
se corta los dedos, desangra.
El dedo va a la boca.

El dolor está detrás
del hilo dormido que se secó en el vientre,
detrás de aquel humo que se llevó el después.
Siempre y detrás de todo.

Cuando los olores se mezclan
ella destapa las cacerolas.
Es la única que se queda enjuagando el día
hasta que vuelva a ser.

Una mujer en la cocina.


Graciela Aráoz (Villa Mercedes, San Luis), Diabla. Último Reino. Buenos Aires. 2016.

Juan Anselmo Leguizamón | No trates por todos los medios de ser tan perfecta




Juan Anselmo Leguizamón | No trates por todos los medios de ser tan perfecta


No trates por todos los medios de ser tan perfecta
dejá algo para el error dejá una raja
algún agujero alguna hilacha
dejá algo roto dejá algo abierto
dejá que algo vaya en desconcierto.

No trates de ser tan pefecta
dejá algo fuera de ritmo sin ensayo
algún flanco al descubierto
dejá algo suelto al aire dejá un rayón
dejá que algo salga así tirado al voleo.

No trates de ser tan perfecta
dejá un botón desabrochado un mechón suelto
alguna mala palabra una puteada dejá escapar
dejá de vigilarte los modales dejálos fallar
a tus manos dejá dudar.

No trates por todos los medios de ser tan perfecta
dejá un quilombo dejá un reguero
que quede algo siempre en el tintero
dejá que la recóndita piel abisme y desespere
de golpe al despiste empapada en devaneo.


Juan Anselmo Leguizamón (Santiago del Estero, 1971), Picados. Antología lata peinada. Bellas Alas Editorial. Santiago del Estero. 2015.

Walt Whitman | La última vez que florecieron las lilas en el jardín




Walt Whitman | La última vez que florecieron las lilas en el jardín
[Traducción: Griselda García]

1

La última vez que florecieron las lilas en el jardín
y la primera gran estrella caía en el cielo de occidente por la noche,
yo me lamenté y me lamentaré con el eterno regreso de la primavera.

Primavera que eternamente regresas, trinidad segura me traes,
lilas que florecen perennes y estrella que cae en el oeste,
y el pensamiento de aquel que amo.

2

¡Oh, poderosa estrella del occidente caída!
¡Oh, sombras de la noche! — ¡oh, noche cambiante, llorosa!
¡Oh, gran estrella desaparecida! — ¡oh, negra oscuridad que oculta a la estrella!
¡Oh, crueles manos que me dejan impotente! — ¡oh, inútil alma mía!
¡Oh, dura nube envolvente que no liberará mi alma!

3

En el jardín, frente a una vieja granja junto a una cerca blanqueada,
se yergue el arbusto de lilas, crece alto con sus hojas acorazonadas de un rico verde,
con varias flores puntiagudas elevándose delicadas, con el fuerte perfume que amo,

con cada hoja un milagro — y de este arbusto en el jardín,
con flores de delicado color y hojas acorazonadas de un rico verde,
arranco un ramito con su flor.

4

En el pantano, en apartados rincones,
un tímido pájaro escondido gorjea una canción.

Solitario, el tordo,
el ermitaño recogido en sí mismo, evita los pueblos,
canta solo una canción.

Canción de la garganta sangrante,
canción de la vida que mana de la muerte (pues, querido hermano, sé bien
que si no te fuera dado cantar, seguramente morirías).


5

Sobre el pecho de la primavera, en el campo, entre ciudades,
entre senderos y a través de viejos bosques, donde recientemente las violetas brotaban del suelo y manchaban los restos grises,
entre la hierba en los campos a cada lado de los senderos, pasando la hierba infinita,
pasando los trigales amarillos, donde cada grano se eleva de su mortaja en los campos de un gris pardo,
pasando los manzanos de flores blancas y rosadas de los huertos,
llevando un cadáver a la tumba en que descansará,
de noche y de día viaja un ataúd.

6

Ataúd que pasas por veredas y calles,
de día y de noche con la gran nube que oscurece la tierra,
con la pompa de las banderas a media asta, con las ciudades enfundadas de negro,
con el espectáculo de los Estados mismos cual mujeres de pie con velos de crespón,
con procesiones largas y sinuosas y antorchas en la noche,
con incontables teas encendidas, con el mar silencioso de los rostros y las cabezas descubiertas,
con la estación que espera, el ataúd por llegar y los sombríos rostros,
con himnos fúnebres en la noche, con las mil voces que se elevan fuertes y solemnes,
con todas las voces dolientes de los himnos fúnebres derramadas en el ataúd,
las iglesias en penumbras y los órganos temblorosos — entre estas cosas viajas,
con el metálico tañido, perpetuo tañido de las campanas,
toma, ataúd que pasas lentamente,
te doy mi ramita de lila.


7

(No para ti, para uno solo,
traigo flores y ramas verdes a todos los ataúdes,
pues, fresco como la mañana, así cantaría una canción para ti, oh sensata y sagrada muerte.

Toda entera con ramilletes de rosas,
oh, muerte, yo te cubro toda entera de rosas y lirios tempranos,
pero ahora, en especial, con la lila que florece primero,
copiosamente las arranco, arranco las ramitas de los arbustos,
con brazos cargados llego y las derramo para ti,
para ti y todos tus ataúdes, oh muerte.)


8

Oh, estrella del occidente que navegas el cielo,
ahora sé lo que quisiste decir hace un mes cuando yo paseaba,
cuando yo paseaba en silencio en la noche transparente y sombría,
cuando vi que tenías algo para decir al inclinarte hacia mí noche tras noche,
cuando caíste del cielo lentamente como hacia mi lado (mientras todas las otras estrellas nos miraban),
cuando vagamos juntos en la noche solemne (pues algo, no sé qué, me impedía dormir),
cuando la noche avanzaba y yo veía, en el borde del oeste, cuán llena estabas de congoja,
cuando estaba de pie sobre suelo alto, en la brisa, en la fría noche transparente,
cuando observé el lugar donde pasabas para perderte en la negrura descendente de la noche,
cuando mi alma, insatisfecha, se hundió en su dolor, como tú, triste estrella,
concluías, caías en la noche, y desaparecías.


9

Canta allí en el pantano,
oh, cantor tímido y tierno, escucho tus notas, escucho tu llamado,
escucho, llego de inmediato, te comprendo,
pero me demoro un momento, pues la lustrosa estrella me ha detenido,
la estrella retiene a mi camarada que se va, y me detiene.


10

Oh, ¿cómo habré de gorjear para ese muerto que amé?
¿y cómo habré de adornar mi canción para la gran alma dulce que se ha ido?
¿y qué perfume habré de llevar a la tumba de aquel a quien amo?

Vientos marinos soplan del este y del oeste,
que soplan del mar oriental y soplan del mar occidental, para juntarse allí en las praderas,
con ellos y con el aliento de mi canto,
perfumaré la tumba de aquel a quien amo.


11

Oh, ¿qué habré de colgar en las paredes del cuarto?
¿y cuáles habrán de ser los cuadros que cuelgue en las paredes,
para adornar el sepulcro de aquel a quien amo?

Cuadros de creciente primavera y granjas y hogares,
con el atardecer del cuarto mes y el humo gris lúcido y brillante,
con las riadas amarillo doradas del sol poniente precioso, indolente, que explota y se expande en el aire,
con la frescura dulce de la hierba bajo los pies, y las hojas de un verde pálido de los árboles prolíficos,
en la distancia, la bruma que fluye, el pecho del río con motas de viento aquí y allá,
con colinas escalonadas en las riberas, con muchas líneas contra el cielo, y sombras,
y la ciudad cercana con las moradas tan densas, y montones de chimeneas,
y todas las escenas de la vida y los talleres, y los obreros volviendo a sus hogares.


12

Mirad, cuerpo y alma — esta tierra,
mi propio Manhattan con sus pináculos y mareas burbujeantes y presurosas, y barcos,
la tierra variada y amplia, el sur y el norte en la luz, las costas de Ohio y el parpadeante Missouri,
y siempre las praderas amplias a lo lejos cubiertas de hierba y maíz.

Mirad, el sol más excelente tan calmo y altivo,
el amanecer violáceo y púrpura con leves brisas,
la suave luz recién nacida, inabarcable,

el milagro que se expande bañándolo todo, cumplido el mediodía,
el delicioso ocaso que llega, la noche bienvenida y las estrellas,
que brillan todas sobre mis ciudades, envolviendo al hombre y a la tierra.


13

Canta, canta, pájaro grisáceo,
canta desde los pantanos, en los rincones, derrama tu canto desde los arbustos,
ilimitado, desde las sombras, desde los cedros y los pinos.

Canta, hermano querido, gorjea tu aguda canción,
alta canción humana, con voz de supremo dolor.

¡Oh, fluida y libre y tierna!
¡Oh, salvaje y libre para mi alma! — ¡oh, maravilloso cantor!
Solo a ti te escucho — pero la estrella me retiene (mas pronto se irá),
pero la lila con su penetrante olor me retiene.


14

Ahora bien, de día, cuando yo estaba sentado y miraba ante mí,
hacia el final del día con su luz y sus campos de primavera, y los campesinos que preparan sus cosechas,
en el vasto decorado inconsciente de mi tierra con sus lagos y bosques,
en la aérea belleza celestial (después de los vientos turbulentos y las tormentas),
bajo la bóveda del cielo de la tarde que pasaba rápido, y las voces de niños y mujeres,
las muchas mareas movedizas, y yo veía a los barcos que navegaban,
y el verano que se acercaba con riqueza, y los campos atareados de trabajo,
y las infinitas casas separadas, cómo todas avanzaban, cada una con sus comidas y minucias cotidianas,
y las calles que latían palpitantes, y las ciudades contenidas — entonces, allí,
cayendo sobre todas ellas y en medio de todas ellas, envolviéndome con el resto,
apareció la nube, apareció el largo rastro negro,
y conocí la muerte, su pensamiento, y el sagrado conocimiento de la muerte.
Entonces, con el conocimiento de la muerte caminando a mi lado,
y el pensamiento de la muerte caminando al otro lado,

y yo en medio como entre dos compañeros, y como tomando las manos de los compañeros,
hui hacia la oculta noche receptiva que no habla,
hacia las costas, el camino hacia el pantano en la penumbra,
hacia los solemnes cedros sombríos y los pinos fantasmales e inmóviles.

Y el cantor, tan tímido con los demás, me recibió,
el pájaro grisáceo que conozco, nos recibió a los tres camaradas,
y cantó la canción de la muerte, y un poema para aquél a quien amo.

Desde profundos rincones apartados,
desde los fragantes cedros y los pinos fantasmales e inmóviles,
llegó la canción del pájaro.

Y el encanto de la canción me capturó,
mientras yo sostenía como de las manos a mis camaradas en la noche,
y la voz de mi espíritu coincidía con la canción del pájaro.

Ven, agradable y reconfortante muerte,
ondula alrededor del mundo, llega serena, llega,
de día, o de noche, para todos, para cada uno,
tarde o temprano, delicada muerte.

Loado sea el universo insondable,
por la vida y la alegría, y por los objetos y saber curiosos,
y por el amor, dulce amor — pero ¡loor, loor, loor!
por el abrazo seguro, fresco, envolvente, de la muerte.

Oscura madre que siempre te deslizas cerca con suaves pisadas,
¿nadie ha cantado para ti un canto de plena bienvenida?
Entonces yo lo canto para ti, yo te glorifico por encima de todas las cosas,
yo te traigo una canción para que, cuando vengas, vengas sin dudar.

Acércate fuerte, liberadora,
cuando es así, cuando los has arrebatado, yo canto alegremente a los muertos,
perdidos en el amoroso océano que eres tú,
bañados en el diluvio de tu dicha, oh, muerte.

De mi hacia ti, alegres serenatas,
danzas propongo para saludarte, adornos y deleites para ti,
y las vistas del paisaje abierto y el alto cielo extendido son adecuados,
y la vida y los campos, y la noche inmensa y pensativa.

La noche silenciosa bajo innumerables estrellas,
la costa del océano y la ronca ola murmurante cuya voz conozco,
y el alma que se vuelve hacia ti, oh, vasta y velada muerte,
y el cuerpo agradecido que anida cerca de ti.

Sobre las copas de los árboles hago flotar tu canción,
sobre las olas que se levantan y se hunden, sobre las miríadas de campos y las anchas praderas,
sobre las ciudades populosas todas y los atestados muelles y caminos,
yo hago flotar esta canción con alegría, con alegría para ti, oh muerte.



15

En armonía con mi alma,
alto y fuerte continuó el pájaro grisáceo,
con notas puras, deliberadas, que extendían y llenaban la noche.

Alto en los pinos y en los cedros sombríos,
claro en la frescura húmeda y en el perfume del pantano,
y yo con mis camaradas, allí en la noche.

Mientras tanto, mi vista encerrada en mis ojos abiertos,
sobre largos panoramas de visiones.

Y yo vi de reojo a los ejércitos,
vi, como en sueños silenciosos, cientos de estandartes de guerra,
cargados a través del humo de las batallas y agujereados con proyectiles, yo los vi,
y llevados de aquí para allá a través del humo, y arrancados y ensangrentados,
y al final sólo unos pocos jirones en las astas (y todo en silencio),
y las astas todas astilladas y rotas.

Yo vi los cadáveres de las batallas, miríadas de ellos,
y los blancos esqueletos de hombres jóvenes, yo los vi,
vi restos y restos de todos los soldados asesinados en la guerra,
pero vi que no eran como se creía,
ellos mismos estaban en completo descanso, no sufrían,
los que quedaban vivos sufrían, la madre sufría,
y la esposa y el niño y el reflexivo camarada, sufrían,
y los ejércitos que quedaban, sufrían.


16

Paso las visiones, paso la noche,
paso, suelto las manos de mis camaradas,

paso la canción del pájaro ermitaño y el canto coincidente con mi alma,
victoriosa canción, canción de liberación de la muerte, pero canción que varía, siempre cambiante,
baja y sufriente, pero de notas claras, que sube y baja, inundando la noche,
que triste se hunde y se desvanece, como advirtiendo y advirtiendo, y otra vez estalla de alegría,
cubriendo la tierra y llenando la extensión del cielo,
como ese poderoso salmo en la noche que oía desde los rincones,
paso, te abandono, lila con hojas acorazonadas,
te abandono allí en el jardín, florecida, regresando con la primavera.

Ceso mi canto para ti,
mi mirada para ti hacia el oeste, de cara al oeste, comulgando contigo,
oh, camarada brillante con tu rostro plateado en la noche.

Pero guardemos cada cosa recuperada de la noche,
el canto, el maravilloso canto del pájaro gris pardo,
y el canto coincidente, el eco despertado en mi alma,
con la brillante estrella caída, con su rostro lleno de dolor,
con quienes sostenían mi mano al acercarnos al canto del pájaro,
mis camaradas y yo en el medio, y conservemos siempre su recuerdo, por el muerto a quien tanto amé,
por el alma más dulce y sabia de todos mis días y tierras — y esto en su querido nombre,
lila y estrella y pájaro entrelazados con el canto de mi alma,
allá en los fragantes pinos y los cedros sombríos.







Walt Whitman
When Lilacs Last in The Dooryard Bloom'd

1

WHEN lilacs last in the dooryard bloom'd,
And the great star early droop'd in the western sky in the night,
I mourn'd, and yet shall mourn with ever—returning spring.

Ever—returning spring, trinity sure to me you bring,
Lilac blooming perennial and drooping star in the west,
And thought of him I love.


2

O powerful western fallen star!
O shades of night—O moody, tearful night!
O great star disappear'd—O the black murk that hides the star!
O cruel hands that hold me powerless—O helpless soul of me!
O harsh surrounding cloud that will not free my soul.


3

In the dooryard fronting an old farm—house near the white—wash'd palings,
Stands the lilac—bush tall—growing with heart—shaped leaves of rich green,
With many a pointed blossom rising delicate, with the perfume strong I love,

With every leaf a miracle—and from this bush in the dooryard,
With delicate—color'd blossoms and heart—shaped leaves of rich green,
A sprig with its flower I break.


4

In the swamp in secluded recesses,
A shy and hidden bird is warbling a song.

Solitary the thrush,
The hermit withdrawn to himself, avoiding the settlements,
Sings by himself a song.

Song of the bleeding throat,
Death's outlet song of life, (for well dear brother I know,
If thou wast not granted to sing thou would'st surely die.)


5

Over the breast of the spring, the land, amid cities,
Amid lanes and through old woods, where lately the violets peep'd from the ground, spotting the gray debris,
Amid the grass in the fields each side of the lanes, passing the endless grass,
Passing the yellow—spear'd wheat, every grain from its shroud in the dark—brown fields uprisen,
Passing the apple—tree blows of white and pink in the orchards,
Carrying a corpse to where it shall rest in the grave,
Night and day journeys a coffin.


6

Coffin that passes through lanes and streets,
Through day and night with the great cloud darkening the land,
With the pomp of the inloop'd flags with the cities draped in black,
With the show of the States themselves as of crape—veil'd women standing,
With processions long and winding and the flambeaus of the night,
With the countless torches lit, with the silent sea of faces and the unbared heads,
With the waiting depot, the arriving coffin, and the sombre faces,
With dirges through the night, with the thousand voices rising strong and solemn,
With all the mournful voices of the dirges pour'd around the coffin,
The dim—lit churches and the shuddering organs—where amid these you journey,
With the tolling tolling bells' perpetual clang,
Here, coffin that slowly passes,
I give you my sprig of lilac.


7

(Nor for you, for one alone,
Blossoms and branches green to coffins all I bring,
For fresh as the morning, thus would I chant a song for you O sane and sacred death.

All over bouquets of roses,
O death, I cover you over with roses and early lilies,
But mostly and now the lilac that blooms the first,
Copious I break, I break the sprigs from the bushes,
With loaded arms I come, pouring for you,
For you and the coffins all of you O death.)


8

O western orb sailing the heaven,
Now I know what you must have meant as a month since I walk'd,
As I walk'd in silence the transparent shadowy night,
As I saw you had something to tell as you bent to me night after night,
As you droop'd from the sky low down as if to my side, (while the other stars all look'd on,)
As we wander'd together the solemn night, (for something I know not what kept me from sleep,)
As the night advanced, and I saw on the rim of the west how full you were of woe,
As I stood on the rising ground in the breeze in the cool transparent night,
As I watch'd where you pass'd and was lost in the netherward black of the night,
As my soul in its trouble dissatisfied sank, as where you sad orb,
Concluded, dropt in the night, and was gone.


9

Sing on there in the swamp,
O singer bashful and tender, I hear your notes, I hear your call,
I hear, I come presently, I understand you,
But a moment I linger, for the lustrous star has detain'd me,
The star my departing comrade holds and detains me.


10

O how shall I warble myself for the dead one there I loved?
And how shall I deck my song for the large sweet soul that has gone?
And what shall my perfume be for the grave of him I love?

Sea—winds blown from east and west,
Blown from the Eastern sea and blown from the Western sea, till there on the prairies meeting,
These and with these and the breath of my chant,
I'll perfume the grave of him I love.


11

O what shall I hang on the chamber walls?
And what shall the pictures be that I hang on the walls,
To adorn the burial—house of him I love?

Pictures of growing spring and farms and homes,
With the Fourth—month eve at sundown, and the gray smoke lucid and bright,
With floods of the yellow gold of the gorgeous, indolent, sinking sun, burning, expanding the air,
With the fresh sweet herbage under foot, and the pale green leaves of the trees prolific,
In the distance the flowing glaze, the breast of the river, with a wind—dapple here and there,
With ranging hills on the banks, with many a line against the sky, and shadows,
And the city at hand with dwellings so dense, and stacks of chimneys,
And all the scenes of life and the workshops, and the workmen homeward returning.


12

Lo, body and soul—this land,
My own Manhattan with spires, and the sparkling and hurrying tides, and the ships,
The varied and ample land, the South and the North in the light,
Ohio's shores and flashing Missouri,
And ever the far—spreading prairies cover'd with grass and corn.

Lo, the most excellent sun so calm and haughty,
The violet and purple morn with just—felt breezes,
The gentle soft—born measureless light,

The miracle spreading bathing all, the fulfill'd noon,
The coming eve delicious, the welcome night and the stars,
Over my cities shining all, enveloping man and land.


13

Sing on, sing on you gray—brown bird,
Sing from the swamps, the recesses, pour your chant from the bushes,
Limitless out of the dusk, out of the cedars and pines.

Sing on dearest brother, warble your reedy song,
Loud human song, with voice of uttermost woe.

O liquid and free and tender!
O wild and loose to my soul—O wondrous singer!
You only I hear—yet the star holds me, (but will soon depart,)
Yet the lilac with mastering odor holds me.


14

Now while I sat in the day and look'd forth,
In the close of the day with its light and the fields of spring, and the farmers preparing their crops,
In the large unconscious scenery of my land with its lakes and forests,
In the heavenly aerial beauty, (after the perturb'd winds and the storms,)
Under the arching heavens of the afternoon swift passing, and the voices of children and women,
The many—moving sea—tides, and I saw the ships how they sail'd,
And the summer approaching with richness, and the fields all busy with labor,
And the infinite separate houses, how they all went on, each with its meals and minutia of daily usages,
And the streets how their throbbings throbb'd, and the cities pent —lo, then and there,
Falling upon them all and among them all, enveloping me with the rest,
Appear'd the cloud, appear'd the long black trail,
And I knew death, its thought, and the sacred knowledge of death.

Then with the knowledge of death as walking one side of me,
And the thought of death close—walking the other side of me,

And I in the middle as with companions, and as holding the hands of companions,
I fled forth to the hiding receiving night that talks not,
Down to the shores of the water, the path by the swamp in the dimness,
To the solemn shadowy cedars and ghostly pines so still.

And the singer so shy to the rest receiv'd me,
The gray—brown bird I know receiv'd us comrades three,
And he sang the carol of death, and a verse for him I love.

From deep secluded recesses,
From the fragrant cedars and the ghostly pines so still,
Came the carol of the bird.

And the charm of the carol rapt me,
As I held as if by their hands my comrades in the night,
And the voice of my spirit tallied the song of the bird.

Come lovely and soothing death,
Undulate round the world, serenely arriving, arriving,
In the day, in the night, to all, to each,
Sooner or later delicate death.

Prais'd be the fathomless universe,
For life and joy, and for objects and knowledge curious,
And for love, sweet love—but praise! praise! praise!
For the sure—enwinding arms of cool—enfolding death.

Dark mother always gliding near with soft feet,
Have none chanted for thee a chant of fullest welcome?
Then I chant it for thee, I glorify thee above all,
I bring thee a song that when thou must indeed come, come unfalteringly.

Approach strong deliveress,
When it is so, when thou hast taken them I joyously sing the dead,
Lost in the loving floating ocean of thee,
Laved in the flood of thy bliss O death.

From me to thee glad serenades,
Dances for thee I propose saluting thee, adornments and feastings for thee,
And the sights of the open landscape and the high—spread sky are fitting,
And life and the fields, and the huge and thoughtful night.

The night in silence under many a star,
The ocean shore and the husky whispering wave whose voice I know,
And the soul turning to thee O vast and well—veil'd death,
And the body gratefully nestling close to thee.

Over the tree—tops I float thee a song,
Over the rising and sinking waves, over the myriad fields and the prairies wide,
Over the dense—pack'd cities all and the teeming wharves and ways,
I float this carol with joy, with joy to thee O death.


15

To the tally of my soul,
Loud and strong kept up the gray—brown bird,
With pure deliberate notes spreading filling the night.

Loud in the pines and cedars dim,
Clear in the freshness moist and the swamp—perfume,
And I with my comrades there in the night.

While my sight that was bound in my eyes unclosed,
As to long panoramas of visions.

And I saw askant the armies,
I saw as in noiseless dreams hundreds of battle—flags,
Borne through the smoke of the battles and pierc'd with missiles I saw them,
And carried hither and yon through the smoke, and torn and bloody,
And at last but a few shreds left on the staffs, (and all in silence,)
And the staffs all splinter'd and broken.

I saw battle—corpses, myriads of them,
And the white skeletons of young men, I saw them,
I saw the debris and debris of all the slain soldiers of the war,
But I saw they were not as was thought,
They themselves were fully at rest, they suffer'd not,
The living remain'd and suffer'd, the mother suffer'd,
And the wife and the child and the musing comrade suffer'd,
And the armies that remain'd suffer'd.


16

Passing the visions, passing the night,
Passing, unloosing the hold of my comrades' hands,

Passing the song of the hermit bird and the tallying song of my soul,
Victorious song, death's outlet song, yet varying ever—altering song,
As low and wailing, yet clear the notes, rising and falling, flooding the night,
Sadly sinking and fainting, as warning and warning, and yet again bursting with joy,
Covering the earth and filling the spread of the heaven,
As that powerful psalm in the night I heard from recesses,
Passing, I leave thee lilac with heart—shaped leaves,
I leave thee there in the door—yard, blooming, returning with spring.

I cease from my song for thee,
From my gaze on thee in the west, fronting the west, communing with thee,
O comrade lustrous with silver face in the night.

Yet each to keep and all, retrievements out of the night,
The song, the wondrous chant of the gray—brown bird,
And the tallying chant, the echo arous'd in my soul,
With the lustrous and drooping star with the countenance full of woe,
With the holders holding my hand nearing the call of the bird,
Comrades mine and I in the midst, and their memory ever to keep, for the dead I loved so well,
For the sweetest, wisest soul of all my days and lands—and this for his dear sake,
Lilac and star and bird twined with the chant of my soul,
There in the fragrant pines and the cedars and dim.





Walt Whitman (West Hills, Estados Unidos, 1819 – Camden, Estados Unidos, 1892), "Memories of Presidente Lincoln", Leaves of Grass. David Mc Kay, Filadelfia, 1891-92 The Walt Whitman Archive. Traducción: Griselda García




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