Walt Whitman | Horas que se hacen largas...



Walt Whitman | Horas que se hacen largas...
[traducción: Griselda García]

9.
Horas que se hacen largas, dolorosas y tristes,
horas del anochecer, cuando me retiro a un lugar solitario y poco frecuentado, a sentarme a solas, apoyando la cara entre las manos; 
horas insomnes, en lo profundo de la noche, cuando avanzo apurando el paso por los caminos del campo o a través de las calles de la ciudad o paseo millas y millas sofocando acongojados sollozos; 
horas de desaliento, de distracción porque aquél sin quien no puedo ser feliz, pronto vi que podía ser feliz sin mí;
horas en que soy olvidado (oh, pasan semanas y meses, pero creo que nunca olvidaré),
¡Sombrías y sufrientes horas! (me avergüenzo pero es inútil soy lo que soy);
Horas de mi tormento me pregunto si otros hombres sienten lo mismo, por los mismos sentimientos.
¿Hay al menos algún otro como yo distraído su amigo, su amante, perdido para él?
¿Él también está como estoy yo ahora? ¿Se levanta aun, a la mañana, abatido, pensando en quien está perdido para él? ¿Y despertando de noche, piensa en el que está perdido?
¿Él también guarda su amistad silenciosa e infinita? ¿Guarda su angustia y su pasión?
¿Algún recordatorio aislado o la mención casual de un nombre hacen que vuelva el ataque sobre él, taciturno y deprimido?
¿Se ve reflejado a sí mismo en mí? En estas horas, ¿ve reflejada la cara de sus horas?


9.
HOURS continuing long, sore and heavy-hearted,
Hours of the dusk, when I withdraw to a lonesome and unfrequented spot, seating myself, leaning my face in my hands;
Hours sleepless, deep in the night, when I go forth, speeding swiftly the country roads, or through the city streets, or pacing miles and miles, stifling plaintive cries;
Hours discouraged, distracted—for the one I cannot content myself without, soon I saw him content himself without me;
Hours when I am forgotten, (O weeks and months are passing, but I believe I am never to forget!)
Sullen and suffering hours! (I am ashamed—but it is useless—I am what I am;)
Hours of my torment—I wonder if other men ever have the like, out of the like feelings?
Is there even one other like me—distracted—his friend, his lover, lost to him?
Is he too as I am now? Does he still rise in the morning, dejected, thinking who is lost to him? and at night, awaking, think who is lost?
Does he too harbor his friendship silent and endless? harbor his anguish and passion?
Does some stray reminder, or the casual mention of a name, bring the fit back upon him, taciturn and deprest?
Does he see himself reflected in me? In these hours, does he see the face of his hours reflected?



Walt Whitman (West Hills, 1819 - Camden, 1892), Leaves of grass. 1900. whitmanarchive.org 
Traducción: Griselda García


N.B.: Esta traducción se revisa periódicamente. Si copia y pega en otro sitio, vuelva en un tiempo para tener la versión actualizada.

Santiago Espel | Breviario exótico de accidentes poéticos



Santiago Espel | Breviario exótico de accidentes poéticos


Leonardo da Vinci

Anatomía


Todo hombre a la edad de tres años
tiene la mitad de la altura total
que alcanzará finalmente.
¿Con qué palabras podrá describirse
el corazón, sin llenar páginas
                       y páginas de un libro?
Ningún órgano necesita tantos
                 músculos como la lengua.
Tengo tantas palabras en mi lengua
materna, que más que lamentar la falta
de palabras con que expresar las ideas
que tengo en mi mente, debería
lamentar la falta de un recto 
conocimiento de las cosas.
Si de noche nuestro ojo se sitúa 
entre la luz y el ojo de un gato, el ojo
nos parecerá como si fuera de fuego.


(Cuaderno de notas)


Santiago Espel (Buenos Aires, 1960), Breviario exótico de accidentes poéticos. Ediciones La carta de Oliver. Buenos Aires. 2016.

Entrevista GG por Gustavo Yuste

¿QUÉ ES LA POESÍA? #20 – GRISELDA GARCÍA: “LA POESÍA Y EL MERCADO MUCHAS VECES ESTÁN REÑIDOS”
Escrito por Gustavo Yuste 20 diciembre, 2016



“Creo que la poesía es una forma de ver el mundo y de sentirlo, de relacionarse con ese mundo que nos rodea. También podría decir que es un juego, un momento en el que el tiempo se detiene”, sostiene Griselda García y agrega que hay “varios prejuicios en torno a este género”. Sobre la sobreproducción literaria, la editora de Ediciones Del Dock expresa: “los libros no son una sumatoria de textos que se juntaron entre el último editado y uno nuevo”Leé la entrevista completa de la última entrega de ¿Qué es la poesía?, a continuación. 


Sobre la autora
Griselda García nació en Buenos Aires en 1979. Es autora de varios libros de poesía, entre ellos Mi pequeño acto privado (Barnacle libros, 2015), y el recién publicado Ahora (Ediciones del Dock, 2016), y del libro de relatos La madre del universo (Editorial Echarper, 2012). Dicta talleres de escritura y administra su blog http://griseldagarcia.blogspot.com. Es directora de la colección La verdad se mueve de Ediciones del Dock.



-Para vos, ¿qué es la poesía?
-Creo que es una forma de ver el mundo y de sentirlo, de relacionarse con ese mundo que nos rodea. También podría decir que es un juego, un momento en el que el tiempo se detiene. Además, en mi caso, leer o escribir poesía me hizo mucha compañía en un tiempo, era algo que me entretenía.

-Recién decías que era un juego y me hace acordar un poco a lo que afirmaba Cortázar acerca de la literatura en general, que la calificaba como un juego, pero siempre teniendo en cuenta la seriedad que puede tener un juego, no como algo liviano.
-Cuando vos observás a los chicos en sus juegos, están totalmente ensimismados, realmente son el juego, no hay un desdoblamiento. El “¿Dale que somos astronautas?”, por decir algo, es muy refrescante y muy posibilitador. Es como vos decís, no es liviano, porque también te dije la palabra “entretenimiento”, que puede sonar poco serio, pero en realidad es algo que te cautiva y que te toma hasta el punto de no pensar ni sentir otra cosa, es presente puro.

-¿Y cómo fue tu primer acercamiento a la poesía?
-Tuve una profesora en el secundario que le metía mucha pasión a la enseñanza de la poesía. Si bien nos daba textos un poco quedados en el tiempo, algo de su pasión me contagió. A partir de los 20, empecé a ir a cafés literarios y no podía creer que existiesen realmente lugares así, porque solamente los había visto en películas. Con los micrófonos abiertos me empecé a animar a leer lo que escribía y como eso tuvo buena repercusión, me envalentonó para seguir. Además, intercambiábamos opiniones sobre autores, poemas en fotocopias. Había un tráfico literario que me entusiasmaba y me servía de gran estímulo.

-¿Qué autores tuviste como primeros referentes y qué lees ahora?
-Mis primeros referentes son autores que creo que pegan mucho a una determinada edad, como Oliverio Girondo o Alejandra Pizarnik, pero también Rimbaud, Baudelaire, autores de ese estilo. Un poco después aparecieron Sylvia Plath y Anne Sexton, autoras que traduje porque me interesaba mucho su costado confesional y buscar qué decían esas mujeres, siempre un poco silenciadas. Daba la impresión de que había más hombres que mujeres escribiendo y en ese momento yo tenía la necesidad de bucear en la literatura hecha por mujeres. Más adelante, empecé a introducirme en autores como Pound, Eliot, Pessoa y también me acerqué a muchos autores argentinos. Te puedo nombrar a Jorge Aulicino, Irene Gruss, Estela Figueroa, María Teresa Andruetto.

-Hiciste referencia a que suele parecer que hay más escritores hombres que mujeres. En tu rol de autora, ¿cómo te planteás con respecto a eso? Teniendo en cuenta que la literatura de mujeres se la asocia solo para lectoras femeninas.
-Me gusta jugar un poco con eso. Por ejemplo, en Ahora (Ediciones Del Dock, 2016) hay voces masculinas o poemas donde no queda claro si el yo lírico es un hombre o una mujer. Eso me interesa como ejercicio, por lo menos, y para jugar y tensionar también, porque siempre que se dice yo parece que quedara pegado a un yo autobiográfico. En esos matices me interesa indagar. Con respecto a la escena literaria y la predominancia masculina, no me puse a pensar por qué. Sí me parecía que en los 90’s, lo que escribían algunas mujeres tenía un nivel de distracción muy grande.

-¿Distracción en qué sentido?
-Distracción respecto de la situación política y social del país en ese momento. Yo no me hallaba entre mujeres que escribían sobre sus pequeños bebés. Había mucho de purpurina, brillantina, bobadas. Eso no representaba a las mujeres que a mí me interesaban, y me siguen interesando. Lo femenino lo asocio a la fuerza, hasta cierto salvajismo y animalidad si querés, sensibilidad, sensorialidad. Todas cualidades que no veía en esa época. En respuesta a eso también comencé a escribir, para encontrar aquello que necesitaba leer.

-Pasando al plano de la escritura, ¿a la hora de escribir, tenés algún mecanismo o rutina?
-No, ninguna. Cuando viene el deseo, aparto otras cosas y me dedico a escribir. Pero creo que en la vida todo es en simultáneo. Escribir no es volcar al papel únicamente, sino que podés estar haciéndolo junto a otras cosas y cuando tenés tiempo, lo transcribís. Sí sigo una disciplina de lectura todos los días, pero la escritura responde al deseo.

-Y las nuevas tecnologías, ya sean los dispositivos o Internet, ¿cambió el proceso de producción de la escritura? Más allá de la difusión, que se vio facilitada.
-Creo que el principal cambio es la capacidad de prestar atención a lo que uno está haciendo. La multitarea que permiten estos dispositivos es obstaculizadora y hace que se pierda capacidad de concentración. Después, hay algo de la materialidad y del objeto papel y lapicera que al menos yo no puedo dejar, porque estuvieron presentes en mis años de formación. Hay algo que se procesa y vivencia en la manuscritura que no está cuando uso una computadora o una tablet. Soy de la época en la que se decía “pasalo a computadora”. El pasarlo era que se había “recibido” el texto, que ya estaba corregido. Puede pasar que al escribir directamente en la computadora y que se vea tan parecido a lo que después va a salir en un libro, cueste pensar que eso en realidad es solo un borrador, y que le falta muchísimo. Por eso prefiero primero el papel.

-Sobre la posibilidad de terminar de escribir algo y poder compartirlo en las redes sociales con cientos de personas ¿qué opinás?
-Puede ser un poco peligroso, porque no hay una reflexión, todo es inmediato. Hay algo de querer completar porque la pantalla está en blanco. A veces los espacios no hay que ocuparlos con nada, es mejor pensar si hay algo para decir. Eso no pasa solo con las redes sociales, también sucede con algunos libros publicados que en realidad no deberían haber salido porque no hay corrección suficiente. Hay personas que sacan un libro por año y yo pienso: “Hay que tener cosas para decir de un año al otro”. Esa impulsividad me da bastante vértigo, creo que hay mucha exposición, especialmente de la vida personal. No es nada original lo que digo, pero a mí me da pudor ver cómo algunos hacen terapia por Facebook. Todo se banaliza mucho.

-Hiciste referencia a autores muy prolíferos, ¿vos te considerás más cauta a la hora de publicar?
-Aunque no me gusta tanto la palabra cauta (risas), sí. Cuando llevás publicada una determinada cantidad de libros, la vara tiene que subir o al menos mantenerse en cierto nivel. En mi caso, trato de que siempre sea mejor, aunque después eso depende del lector. Los libros no son una sumatoria de textos que se juntaron entre el último libro y uno nuevo; conviene pensarlos con una noción de totalidad, un eje, un tono. Considero que sé esperar el momento adecuado, y si por varios años no aparece algo en forma de libro, prefiero no sacar nada.

-En Ahora se puede ver eso que decías, de ser racional a la hora de encarar un libro y también la influencia de diferentes estilos. ¿Fue una intención deliberada mostrar esa amplitud?
-Me di la licencia de no hacerlo tan compacto a nivel estilo porque me parecía que reflejaba este momento, donde aparecen distintas voces. Se podría decir que es un libro desparejo en ese sentido, pero es una desprolijidad que me permití. Quería ver cómo este libro se paraba, como si fuera el cuerpo de una persona real, con sus imperfecciones.

-En estos años se dio una suerte de florecimiento de editoriales independientes, ¿cómo ves la escena?
-Me parece que se está publicando y escribiendo mucho, hay una gran variedad de talleres literarios. También hay una explosión de editoriales, de sellos que se juntan para aunar esfuerzos. Mientras más editoriales haya mejor, lo mismo con las revistas literarias. Hay una ebullición generalizada en la literatura. Esto exige un trabajo mayor de pasar el tamiz y ver con qué se queda uno.

-La sobreproducción exige más al lector, ¿no?
-Sí, en eso también las redes sociales ayudan: de alguna forma u otra, lo que uno tiene que leer, le llega. Este año, por poner un ejemplo fuera de la poesía, se habló mucho de Stoner (Fiordo, 2016), lo recomendaban autores que admiro. Lo leí y me pareció maravilloso, lloré, me reconcilió con la narrativa. Las redes son un buen termómetro, en ese sentido.

-Dentro del mundo editorial se suele decir que la “poesía no se vende”, ¿por qué creés que pasa eso?
-Se dice eso porque se compara con la narrativa que “sí se vende”, pero son dichos del mercado. Poesía y mercado muchas veces están reñidos. No tomaría esas expresiones al pie de la letra. En Del Dock, por ejemplo, hay libros de poesía que se venden mucho.

-¿Creés que hay muchos prejuicios alrededor del género?
-Hay varios prejuicios en torno a la poesía: no se entiende, es aburrida, es para un público especializado, tiene rima, habla de amor, etc. Como todo prejuicio, ayuda a defenderte y cerrarte a un fenómeno. De todas formas, la poesía no necesita de un amplio público; si buscás llegar a muchas personas, podés producir un material deglutido para que el otro lo pueda “entender”.

-Al principio de la entrevista había dicho que ibas mucho a lecturas de poesía. ¿Tenés contacto con los movimientos actuales?
-Sí, voy cuando me invitan a leer. Es una actividad agotadora por algunas cuestiones que hay que cambiar: la puntualidad, por ejemplo. Llegás a un lugar y no está ni siquiera quien lo organiza. O incluir en una misma fecha a muchos autores. Si te levantás a las 6 de la mañana, difícilmente puedas prestar atención a tres horas de poesía a la noche. Lo que digo es que conviene cuidar un poco más al invitado, pensar las cosas un poco mejor. Suena un poco de vieja (risas), pero a veces hay cierto descuido.

-¿Y conocés al movimiento del slam?
-Me contaron, nunca fui. Por lo que me contaron, no creo que vaya a ir nunca. Hablo desde el desconocimiento, pero no me entusiasmaría ir.

-Como docente de talleres literarios, ¿qué es lo más común que podés ver en escritores principiantes?
-Lo más habitual es que no haya suficiente vida vivida. Hay chicos con muy buenos estudios y que leyeron todo lo que hay que leer, pero no les pasa nada. Ahí es difícil, porque sería maleducado decir: “Andá a vivir y volvé”. Pueden producir poemas muy bien escritos, pero sin algo que los sostenga. Si yo no lo entiendo y el autor no puede explicarlo, el texto termina en un cajón. Otra cosa que pasa mucho es ver la emocionalidad pura del autor, algo que pianta lectores, genera rechazo. Hay una parte de la escritura que es puro trabajo de pensar. Y quizás no todos quieren hacer ese esfuerzo.

-¿Y qué consejos les das?
-El que todos damos, creo: leer. Lo bueno de los talleres individuales es que se puede profundizar más, obtener asesoramiento en algunas lecturas, bien direccionadas. Después lo mejor es salir a vivir, rodearte de personas que te estimulen, no envidiosas. Tener sed, curiosidad de saber lo que está pasando. Eso me hace crecer mucho cada día, tener buenos interlocutores.




Anne Sexton | La adicta



Anne Sexton | La adicta
[traducción: Griselda García]


Sembradora de sueño,
sembradora de muerte,
con cápsulas en mis palmas cada noche,
ocho a la vez de dulces frascos farmacéuticos.
Organizo un viaje del tamaño de una pinta.
Soy la reina de este estado.
Soy una experta en hacer el viaje
y ahora dicen que soy adicta.
Ahora preguntan por qué.
¿POR QUÉ?
¡No saben que prometí morir!
Estoy practicando.
Simplemente estoy manteniéndome en forma.
Las pastillas son una madre, pero mejores,
de cada color y ricas como confites.
Estoy a dieta de la muerte.
Sí, admito
que se ha vuelto una costumbre—
me meto ocho a la vez, golpeada en el ojo,
arrastrada por las rosas, naranjas,
verdes y blancas buenasnoches.
Me estoy volviendo algo así como una mezcla
química.
¡Eso es!
Mi provisión 
de píldoras
ha durado años y años.
Me gustan más que yo misma.
Es una especie de matrimonio.
Es una especie de guerra en la que planto bombas dentro
de mí.

trato 
de matarme en pequeñas dosis,
una ocupación inocua.
En realidad estoy obsesionada con eso.
Pero recuerda que no hago demasiado ruido.
Y francamente nadie tiene que arrastrarme,
ni me quedo ahí parada con mi mortaja.
Soy un pequeño ranúnculo en mi camisón amarillo,
comiendo mis ocho hogazas en fila
y en cierto orden como en
la imposición de manos
o el sacramento negro.
Es una ceremonia
pero como cualquier otro deporte
está lleno de reglas.
Es como un partido de tenis musical donde
mi boca sigue agarrando la pelota.
Después me acuesto, mi altar
elevado por los ocho besos químicos.
Qué entrega es esta
con dos rosas, dos naranjas,
dos verdes, dos blancas buenasnoches.
Fee-fi-fo-fum.
Ahora soy prestada.
Ahora estoy adormecida.



The Addict

Sleepmonger,
deathmonger,
with capsules in my palms each night,
eight at a time from sweet pharmaceutical bottles
I make arrangements for a pint-sized journey.
I'm the queen of this condition.
I'm an expert on making the trip
and now they say I'm an addict.
Now they ask why.
WHY!
Don't they know that I promised to die!
I'm keeping in practice.
I'm merely staying in shape.
The pills are a mother, but better,
every color and as good as sour balls. 
I'm on a diet from death.
Yes, I admit
it has gotten to be a bit of a habit-
blows eight at a time, socked in the eye,
hauled away by the pink, the orange,
the green and the white goodnights.
I'm becoming something of a chemical
mixture.
that's it!
My supply
of tablets
has got to last for years and years.
I like them more than I like me.
It's a kind of marriage.
It's a kind of war where I plant bombs inside
of myself.
Yes
I try 
to kill myself in small amounts,
an innocuous occupatin.
Actually I'm hung up on it.
But remember I don't make too much noise.
And frankly no one has to lug me out
and I don't stand there in my winding sheet.
I'm a little buttercup in my yellow nightie
eating my eight loaves in a row
and in a certain order as in
the laying on of hands
or the black sacrament.
It's a ceremony
but like any other sport
it's full of rules.
It's like a musical tennis match where
my mouth keeps catching the ball.
Then I lie on; my altar
elevated by the eight chemical kisses.
What a lay me down this is
with two pink, two orange,
two green, two white goodnights.
Fee-fi-fo-fum-
Now I'm borrowed. 
Now I'm numb.



Anne Sexton (Massachusetts, 1928 - 1974). Traducción: Griselda García.


N.B.: Esta traducción se revisa con periodicidad.    

Lawrence Ferlinghetti | El mundo es un lindo lugar...



Lawrence Ferlinghetti | El mundo es un lindo lugar...
[traducción: Griselda García] 


El mundo es un lindo lugar 
para nacer
si no te importa que la felicidad
no siempre sea
tan divertida
si no te importa un toque de infierno
cada tanto
justo cuando todo va bien
porque ni en el cielo
cantan 
todo el tiempo

El mundo es un lindo lugar
para nacer
si no te importa que algunos mueran
todo el tiempo
o quizás solo pasen hambre
parte del tiempo
lo cual no es ni la mitad de malo 
si no te toca a vos

Ay, el mundo es un lindo lugar
para nacer
si no te importan demasiado
unas pocas mentes muertas
en los puestos superiores
o una bomba o dos
cada tanto
en sus caras vueltas al revés
o algunas otras indecencias
de las que nuestra sociedad de Marca Registrada
es presa
con sus hombres de distinción
y sus hombres de extinción
y sus sacerdotes
y otros policías

y sus varias segregaciones
e investigaciones en el Congreso
y otras constipaciones
de la que nuestra tonta carne
es heredera

Sí, el mundo es el mejor lugar de todos
para un montón de cosas como
hacer la escena divertida
y hacer la escena amorosa
y hacer la escena triste
y cantar graves canciones y tener inspiraciones
y caminar por ahí
mirando todo
y oliendo las flores
y toquetear a las estatuas
y hasta pensar
y besar gente y
hacer bebés y usar pantalones
y agitar sombreros y
bailar 
y nadar en los ríos
en picnics
a mediados del verano
y por lo general sólo
"disfrutar de la vida"

pero justo en la mitad de todo
llega el sonriente

funebrero



The world is a beautiful place...

The world is a beautiful place
to be born into
if you don't mind happiness
not always being
so very much fun
if you don't mind a touch of hell
now and then
just when everything is fine
because even in heaven
they don't sing
all the time

The world is a beautiful place
to be born into
if you don't mind some people dying
all the time
or maybe only starving
some of the time
which isn't half bad
if it isn't you

Oh the world is a beautiful place
to be born into
if you don't much mind
a few dead minds
in the higher places
or a bomb or two
now and then
in your upturned faces
or such other improprieties
as our Name Brand society
is prey to
with its men of distinction
and its men of extinction
and its priests
and other patrolmen

and its various segregations
and congressional investigations
and other constipations
that our fool flesh
is heir to

Yes the world is the best place of all
for a lot of such things as 
making the fun scene
and making the love scene
and making the sad scene
and singing low songs and having inspirations
and walking around
looking at everything
and smelling flowers
and goosing statues
and even thinking
and kissing people and
making babies and wearing pants
and waving hats and
dancing
and going swimming in rivers
on picnics
in the middle of the summer
and just generally
'living it up' 
Yes
but then right in the middle of it 
comes the smiling

mortician 


Lawrence Ferlinghetti (Nueva York, 1919), These are my rivers. New and selected poems 1955- 1993. New Directions Books. New York. 1993. 



N.B.: Esta traducción está en constante revisión.   

Aixa Rava | Como las demás




Aixa Rava | Como las demás


Reclinada por el respaldo
asegura que se siente bien —se asegura
el peso hacia atrás,
se pregunta, se contesta,
comprueba el orden.
De repente le vienen ganas de levantarse
de andar como si reconociera su levedad
y atenta al vuelo la cerveza helada y burbujeante
que se tomó frente al fuego
mientras le preguntaba si esas eran las uvas
que incluso maduras se veían verdes.

Se levanta, entonces, con el cuerpo
las tetas sueltas bajo la remera de Woodstock.
Camina hasta el borde del cemento
y roza
la punta de los dedos en la mesa
de patas verdes y mantel con girasoles.
Descubre al sapo en el cantero, 
bajo la pala de jardín, y su salto
hacia el fondo del banco.

Él la ve perderse entre las espalderas,
la sigue vacilante pero con ganas
encuentra
la cabeza de ella en el piso
sus piernas al cielo.
Los ojos del pibe nuevo
tan cerca
la mano abanicándole el rostro.

Un paseo por la chacra
dice cuando vuelve y suena
por lo bajo
un a mí también me pasó cuando fumaba,

Pero no, sabe que no es por eso,
que creció rápido como el sapo
y nunca pudo dominar
los tacos
ni pintarse los ojos de un trazo
como las demás.



Aixa Rava (Tierra del Fuego, 1982), La luz no se corta como el papel. Ediciones Con doble zeta. Neuquén. 2016.

Czeslaw Milosz | Encuentro

Foto: Ellen Creager


Czeslaw Milosz | Encuentro


Atravesábamos campos helados en un vagón al amanecer.
Un ala roja se levantaba en la oscuridad.

Y de pronto una liebre cruzó el camino.
Uno de nosotros la señaló con la mano.

Eso fue hace mucho. Ninguno de ellos está vivo,
ni la liebre ni el hombre que hizo el gesto.

Oh, mi amor, dónde están ellos, dónde se han ido
el fulgor de la mano, la estela del movimiento, el susurro de la grava.
En mi pregunta no hay tristeza, sino admiración.


Wilno, 1936


Czeslaw Milosz (Lituania, 1911 - Cracovia, 2004), Salvación. 1945. Versión en inglés supervisada por el autor. Citado en Rafael Felipe Oteriño, Una conversación infinita. Ediciones Del Dock. Buenos Aires. 2016.

Rafael Courtoisie | La balada de la Mudita




Rafael Courtoisie | La balada de la Mudita


XXIII

Las bromas de la Mudita


La Mudita me regala audífonos.

Es claro: es su forma de decir que yo estoy sordo, que no la escucho, que no hay peor sordo que el que no quiere oír, que a palabras necias tímpanos inmóviles, que no quiero saber el color de su voz, el sabor de su letra "a", que no deseo descubrir cómo la sal se disuelve en su lengua, en la saliva de su boca, cómo la palabra MAR ya es muy profunda y hermosa.

La Mudita me ahoga en su mar de silencio.

Soy náufrago en el océano sin vocablos de la Mudita.

Tengo sed.

El sol implacable de la Mudita me agrieta los labios.

Deliro.

¿Dónde estás?

Estoy en ti.

¿Y por qué no te oigo?

Porque eres sordo, Rafael, sordo como una tapia, cerrado como una tumba, frío como un hueso de muerto, hueco como una caña, tonto como un sentimiento, frágil, suspendido en el aire frente a mi agujero en flor, como un colibrí.




XVIII

Velar armas



Son la una en punto de la mañana.

La Mudita acaba de llamarme con el pensamiento.

No habla.

Me despertó su silencio dentro de mi cabeza.

Y no puedo volver a dormir: sé que en el sueño, detrás de una piedra de aire,
me espera su sustancia sin peso, el cuerpo invencible de su fragilidad.

No abre la boca.

No separa los labios.

Cae en la vigilia como granizo, garúa dentro del sueño lágrimas ácidas.

La Mudita no dice nada.

Aturde.


Rafael Courtoisie (Montevideo, 1958), La balada de la Mudita. Ediciones Trinchera. Guerrero. México. 2016.

Raúl Gómez Jattin | Amanecer en el Valle del Sinú



Raúl Gómez Jattin | Amanecer en el Valle del Sinú


Ella se lamenta


Me hubiera gustado ser varón 
para poseerte 
Para darnos trompadas en señal de ternura 
y de fidelidad 
Para ponerme las botas de capataz 
y cabalgarte desnudo 
Para amenazarle con un revólver 
Pero yo 
Una mujer 
Una simple mujer 
¿Qué puede hacer de memorable 
en la prosecución de un amor?


Rastros en el cuerpo de otros

Si eres aquel mismo de veinte años recientes no lo sé
La noche y la locura te me nublan el rostro
Hay algo en tus manos en ése que durmió ayer en mi almohada
y que dejó un papel al irse en la madrugada
donde decía: te amo pero a veces me aburro

Si eres aquel mismo que mi angustia me trae
tal vez como una ola más a mi arena ya vieja
o el que vigila mi gesto al encender un cigarrillo
con un beso en la punta de los dedos No lo sé

Pero amigo: Si has olvidado tú aquellos martes
de alcoholes y de sueños en tu rostro nocturno
si has olvidado visitante de palabras perdidas
el dolor que contigo amainé y también olvidé
eso no importa para que rastros tuyos vuelvan
en cada uno que pasa por mi cuerpo y me deja



Raúl Gómez Jattin (Cartagena, 1945 - 1997), Amanecer en el Valle del Sinú. Fondo de Cultura Económica. Bogotá. 2012.

Crítica de Ahora, por Gustavo Yuste



Una concentración inquietante

Los poemas que integran Ahora (Ediciones del Dock, 2016) de Griselda García muestran un nivel de concentración que inquieta al lector, donde cada verso carga consigo un peso que le es propio y a la vez lo excede. Nutriéndose de distintos estilos y recursos, la autora plantea en este libro imágenes precisas e historias breves que dejan la puerta abierta para quien quiera salir a jugar. 

Pocas cosas son más provocadoras y estimulantes que lo que parece cercano pero al mismo tiempo no llegamos a comprender al 100%. Los poemas que integran Ahora (Ediciones del Dock, 2016), de Griselda García, poseen ese extraño canto de serpiente que acerca a un lector confiado por una aparente simpleza que nunca termina de ser tal. El primer poema del libro, “El dique”, basta como una pequeña prueba de lo que va a pasar más adelante: distintos estilos y recursos para hablar de ese poder concentrado que cada acción cotidiana trae consigo.

En esa dirección, García va a echar mano de diferentes corrientes: el objetivismo, el lirismo, los yeites narrativos y los diálogos/pensamientos propios de una novela van a servir a la autora como riel donde la poesía pueda desplazarse con su velocidad prepotente. Así, cada poema es un mundo propio y García hasta se da el lujo de diagramar pequeñas constelaciones, como el caso de los poemas que involucran a un pintor y su modelo. Con ese poder de concentración que nombramos al principio, puede leerse: “Te amo aunque no lo sepa/ todavía”.

¿Cómo describir lo infinito pese a que tenga los falsos límites cronológicos? Cada gesto, cada acción pasada y futura trae consigo infinitas bifurcaciones y vías subterráneas donde los sentidos se van acumulando. Escenas personales y sociales se observan de manera comprimida en los versos de García sin por eso perder su filo. Por ejemplo, puede leerse “La lección es clara y al final/ esta carne dulce y negra irá a parar al pobrerío”

Del mismo modo, también puede leerse: “No soy tan buena, lo siento./ Las monjas hablarían de perdonar, de dar la otra mejilla. Qué saben ellas de amar si se han casado con un mudo, un ausente, un muerto”. El poemario Ahora de Griselda García es, en definitiva, una muestra de la elasticidad que puede tener la poesía de un mismo autor para contar historias y, sobre todo, poder ver lo cotidiano desde diversos ángulos, descubrir todo lo que viene solapado y apreciar esa incertidumbre comprimida que viene con cada pequeña cosa que nos rodea.


Gustavo Yuste


Fuente: http://www.laprimerapiedra.com.ar/2016/12/resenas-caprichosas-ahora-griselda-garcia/

Crítica de Mi pequeño acto privado, por Diego Colomba



Mi pequeño acto privado

Griselda García
Buenos Aires
Barnacle
2015


Por Diego Colomba

Cuando la palabra “amor” se ha vuelto una suerte de comodín que sirve para los propósitos discursivos más diversos —justificar un sistema policíaco, prometer la vida eterna, ofrecer un yogurt que hará crecer a nuestros hijos—, la poesía erótica de Griselda García parece restituirle cierta dignidad al término.

En ese sentido, Mi pequeño acto privado nos recuerda que todo poema puede volverse una indecente declaración moral, la ambigua (y por eso potente) manifestación de un modo de evaluar la conducta y la experiencia humanas. “¿Qué haremos cuando el amor/ se vuelva inexpresable?”, se pregunta la hablante del poema “Acto privado”, y en el siguiente, lejos de intentar debilitar la fuerza del interrogante, desalienta cualquier subterfugio: “Procrear cuando el amor/ se vuelve inexpresable/ envilece el amor”.
La fuerza perturbadora de esta poesía no solo responde a la falta de pudor con que una voz hace públicos los pequeños actos privados de una vida, sino también al modo con que la misma se entrega festivamente al promiscuo juego de los signos (“(silencioso como la muerte/ es el amor/ mil veces más miserable).”), un juego irresponsable en el que destella una íntima lejanía: “no intento entender: estoy en el lugar/ impalpable/ el sentido íntimo de las cosas/ se me revela en milésimas de segundos.”
Si toda poesía oscila entre lo previsible y lo arbitrario, la de García se aleja claramente del primer extremo para discurrir al filo del segundo. Su arrojo figurativo (“Si te regalan flores/ sentís que el deseo/ es verte muerta y hermosa”), vehiculizado por la briosa cadencia de sus versos —en la que inciden los versos breves (suelen coincidir con las proposiciones), los paralelismos, la supresión de ciertos nexos y el uso austero de los signos de puntuación—, alcanza una opaca transparencia. Lo que parecía el habla delirante de un ser que no se concibe fuera de los movimientos violentos de la pasión, que aprueba la vida hasta la muerte, resulta, en el trance hipnótico de la lectura, una lengua gestual que traza iluminadoras correspondencias: “Ahora lo sabemos:/ buscábamos algo/ que ya nos encontró.// Ciego como topos/ nunca supimos hacia dónde./ No por eso dejamos de cavar.”
Un sabio francés supo decir que a través de todas las formas del erotismo intentamos introducir en el interior de un mundo discontinuo toda la continuidad de que ese mundo es capaz. La imaginación poética de Griselda García emprende esa aventura: “Amar con furia, sin distinción/ estos brazos, esos hombres, el tren/ sólo ilusión.”

Fuente: http://www.opcitpoesia.com/?p=1745